30 junio, 2012
 Los condominios tienen sus propios reglamentos, que son de cumplimiento obligatorio para todos. | GESLINE ANRANGO
Los condominios tienen sus propios reglamentos, que son de cumplimiento obligatorio para todos. | GESLINE ANRANGO

En un condominio, los perros y sus heces por todo el jardín, la música de un vecino a todo volumen a altas horas de la noche o el carro atravesado en plena calle son problemas que quitan la paz a los demás.

Pero lo que puede disparar el enojo del conjunto residencial es la presencia de un vecino moroso, que se niega –por diversas razones– a pagar su cuota de mantenimiento.

El malestar tiene fundamento: el presupuesto del condominio para atención de áreas comunes se elabora con base en la cantidad de unidades residenciales existentes.

Si alguien deja de pagar, ese faltante tendrá que ser asumido “solidariamente” por aquellos vecinos que sí pagan su cuota mensualmente.

Lo anterior no es un invento o medida antojadiza: así está estipulado en la Ley Reguladora de la Propiedad en Condominio, aprobada en noviembre de 1999 por la Asamblea Legislativa.

Por ejemplo, el artículo 19 de dicha normativa dice: “Gastos comunes son aquellos por administración, mantenimiento, reparación y limpieza de las cosas comunes, los que se regularán en el reglamento”.

Asunto serio. “Si uno de los vecinos no paga, hay dos vías para llenar ese faltante: mediante un fondo especial (conocido como reserva legal) y, si no hay ese fondo, se convoca a una asamblea de vecinos y se les dice que se subirá la cuota”, comentó Óscar Céspedes, quien se desempeña como administrador de condominios de la firma Hábitat.

Alexánder Núñez, administrador de condominios de la firma Naret S. A., reconoció que la presencia de un vecino moroso puede alterar la paz del conjunto habitacional.

Esto, porque la recuperación de ese dinero requiere un proceso de reclamo que puede llegar a estrados judiciales. Esta medida también está contenida en dicha ley.

Núñez comentó que la empresa administradora del condominio –contratada por la junta directiva vecinal– realiza las gestiones: tanto las prevenciones por escrito, la sanción con multa en caso de que el condómino pague a destiempo y, si no hay respuesta positiva, llevar el caso a juicio.

El peor de los escenarios para ese vecino moroso es que se le obligue a desalojar su casa y que esta sea rematada.

Céspedes agregó que con el dinero de la venta del inmueble se costean gastos administrativos, tales como la contratación del contador (quien expedirá la certificación con lo adeudado más intereses), así como la del abogado.

El resto del dinero obtenido por la venta se le entrega a quien aparece registralmente como propietario de la casa.

“Es una medida extrema, que uno no quiere que suceda; por eso es importante que los vecinos estén al día en cuotas”, apuntó.