
Washington. EFE El tratado comercial con Centroamérica y República Dominicana es una apuesta por el desarrollo regional que abrirá las puertas de EE. UU. a productos autóctonos como la iguana congelada, el atol y los tamales, aseguran sus partidarios.
En plena campaña de persuasión, representantes del cuerpo diplomático centroamericano insisten en que el Tratado de Libre Comercio (TLC) permitirá la venta de casi todo, desde lo mundano hasta rarezas culinarias.
Según el embajador de Guatemala ante la Casa Blanca, José Guillermo Castillo, el pacto aumentará las exportaciones de "iguanas congeladas que, aunque usted no lo crea, se venden casi a precio de langosta".
Los partidarios del pacto, como Castillo, señalan que el tratado no es una panacea para los males que aquejan a la región pero es un buen comienzo: los centroamericanos podrán comercializar sus productos acá y comprar mercancías con el sello "Hecho en Estados Unidos".
Subrayan que los consumidores hispanos, aguijoneados por la morriña (nostalgia de su tierra), tendrán más acceso a los bienes y productos que tocaron en suerte a la geografía centroamericana.
En EE. UU., el "factor nostalgia" ha sido una acertada estrategia de mercadotecnia porque los inmigrantes, aunque anclados en una nueva cultura, siempre añoran aquellos sabores y olores que evocan recuerdos de sus países.
Basta con visitar una tienda o supermercado en estados con alta concentración hispana para encontrar productos como frijoles, chorizos, yuca, semillas, granos, café, refrescos naturales y condimentos "con sabor a mi tierra".
Tanto Castillo como el embajador de República Dominicana, Flavio Espinal, insistieron en que el TLC beneficia a los consumidores "de acá y de allá".
El chilate y el atol shuco (bebidas de El Salvador); el pashte (planta silvestre que produce la esponja vegetal), de Guatemala, y los jocotes y los nances (frutas típicas) figuran en la larga lista de productos beneficiados, aseguraron.
"El comercio, de la mano de la inversión en la infraestructura y programas de desarrollo, genera oportunidades. Este pacto abre las puertas de par en par a muchos de nuestros productos", dijo Espinal.
Castillo considera que el tratado promueve la competitividad frente a las economías de Asia y abre el mercado estadounidense a la ropa, las tortillas, los tamales o ciertos vegetales, y la cadena de comida rápida Pollo Campero.
Agregó que, en el caso de esa empresa, la cadena ampliaría de 20 a 500 el número de tiendas en EE.UU. si se aprueba el pacto.
"Es un acuerdo de oportunidades, no es una agenda de desarrollo. El sueño guatemalteco, nicaragüense o costarricense, el combate a la pobreza, son tareas que tenemos a largo plazo", explicó Castillo en respuesta a críticas.
Para efectos de comparación, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor en 1994, ha permitido que las exportaciones mexicanas de tequila a Estados Unidos se hayan disparado.
Estados Unidos importa más de la mitad del tequila que produce México; sólo en 2003 compró tequila, en botellas y a granel, por un valor de $402 millones.
Los detractores del TLC también seleccionan con pinzas aquellos datos que reflejan los desaciertos e insuficiencias del TLCAN, y aseguran que el pacto centroamericano será igual.
Aseguran que el TLC es la respuesta de Washington a la perenne queja de que estos países.