Washington. AFP Estados Unidos está aún lejos de terminar de pagar la factura que dejó la quiebra del banco Lehman Brothers el 15 de setiembre del 2008, la cual se traduce en un alto desempleo, la explosión de la deuda pública y daños considerables en su sistema financiero.
A primera vista, Estados Unidos marcha mejor hoy. El presidente Barack Obama lo repite en cada discurso: la economía del país retomó la senda del crecimiento y la creación de empleos.
De acuerdo con un sondeo publicado el viernes por la compañía de seguros Allstate, el 56% de los estadounidenses piensa que la economía del país va “en la dirección equivocada”, contra 55% que pensaba lo mismo en abril del 2009, cuando Estados Unidos aún estaba en recesión. El pesimismo persiste después de dos años.
“Lo propio de una crisis es que la gente se vea sorprendida y superada por los acontecimientos, y en ese sentido, es posible que los errores cometidos por Lehman hayan sido inevitables”, dijo Robert Samuelson, editorialista de Newsweek.
Error o no, en dos años esta crisis ha tenido repercusiones duraderas. La tasa de desempleo pasó del 6,2% en aquel momento, al 9,6% actualmente; mientras, la deuda pública pasó de $9,634 billones (millones de millones) a $13,442 billones. Unos 280 bancos se declararon bancarrota. En la opinión pública, se pide que los culpables respondan ante la Justicia.
Según The Wall Street Journal, la investigación sobre una presunta manipulación para maquillar las cuentas de Lehman estaría por terminar.
“Las autoridades quieren las cabezas de los ejecutivos de Lehman. La Casa Blanca también”, dijo Lawrence McDonald, uno de los exdirectivos del banco.