El petróleo sigue siendo producto estratégico para el desarrollo. Deben transcurrir décadas para poder reemplazarlo como combustible de uso variado y fácil distribución.
Cualquiera de las alternativas (gas, celdas de energía, fuentes renovables y, en menor medida, electricidad) no podrá sustituir al petróleo en el transporte, en las plantas industriales, en la generación de electricidad y en usos domésticos (especialmente calefacción).
El consumo de refinados no ha experimentado mermas significativas en los países desarrollados, pese al aumento de los precios, principalmente por la inelasticidad de la demanda para el transporte.
Otro punto es que los países en vías de desarrollo (especialmente China) han aumentado su consumo de petróleo en forma acelerada.
Además, existe un cuello de botella en la capacidad de refinación, que no podrá ser resuelto en el corto plazo: aún si se aumentara la producción de crudo, no podría transformarlo en los tipos de hidrocarburos aptos para el transportes y usos domésticos.
A todo esto se añade la concentración de las fuentes de petróleo en unos pocos países, especialmente en el convulsionado Medio Oriente, y los temores de que la inestabilidad política pueda conducir a interrupciones en su suministro.
Por último, existe una serie de product os derivados del petróleo y asociados con la industria petroquímica que son muy importantes como insumo para las actividades industriales.
Si bien las fuentes renovables, y en especial el uso de la biomasa, constituyen una alternativa viable en el mediano plazo, la producción de plásticos, materia prima para la industria química y otros derivados de uso doméstico, depende en gran medida de los insumos de petróleo y sus derivados.
Francisco Sagasti, experto enplanificación estratégica