La Paz, 13 oct (EFE).- El presidente Gonzalo Sánchez de Lozada decidió hoy aferrarse al poder en Bolivia a pesar de que va perdiendo importantes aliados y no logra calmar las protestas que en los últimos días han causado 49 muertos, catorce en el día de hoy.
Sánchez de Lozada, elegido el año pasado como presidente de Bolivia con un mandato que se extiende hasta 2007, anunció hoy su intención de permanecer en el poder, pero tanto su vicepresidente como cuatro ministros han optado por desligarse de su gestión.
"Yo no voy a renunciar", dijo desde su residencia presidencial, en La Paz, como respuesta a las fuerzas sindicales y políticas de la oposición, que claman por su dimisión como salida para aliviar la crisis económica que atraviesa el país.
Esta demanda ha sido apoyada por manifestaciones que se producen, casi ininterrumpidamente, desde el 15 de septiembre pasado, y que han causado casi medio centenar de muertos.
"No es posible que se reemplace la democracia por una dictadura sindical", agregó Sánchez de Lozada, de 73 años, quien asumió el poder el 6 de agosto del año pasado, en su segundo mandato, después de haber gobernado Bolivia entre 1993 y 1997.
Educado en Estados Unidos y apodado el "gringo" por sus críticos, Sánchez de Lozada dijo que no tenía intención de irse "a ningún lado", y dio un mensaje claro a sus dos principales críticos: el dirigente indígena Evo Morales y el sindicalista Felipe Quispe, conocido también como "Malku".
"Quiero decirle a Evo, al Mallku y a toda esta gente que busca desestabilizar que no pasarán. No van a poder. No van a tomar el Gobierno porque nuestra democracia va a perdurar", afirmó el presidente en un mensaje televisado.
Sánchez de Lozada, sin embargo, se mantiene en el poder a pesar de que su vicepresidente, Carlos Mesa, anunció hoy que retiraba su apoyo al Gobierno por la represión ejercida este fin de semana en la vecina población de El Alto, donde murieron 30 personas.
Mesa, un ex periodista devenido en político, expresó su "absoluta condena" por la decisión de reprimir las protestas, en lugar de buscar "la vía del diálogo", y aunque anunció que retiraba su apoyo a Sánchez de Lozada, optó por mantenerse como vicepresidente.
El presidente boliviano también perdió dos de sus principales puntos de apoyo: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que dirige el ex presidente Jaime Paz Zamora, y la Nueva Fuerza Republicana (NFR).
El MIR comunicó que uno de los cuatro ministros que representan a esta fuerza política, el titular de la cartera de Desarrollo Económico, Jorge Torres, renunciaba al cargo, mientras que el NFR dijo que va a pedir el "repliegue" de los tres ministros que responden a ese partido.
Las turbulencias políticas se desarrollaron en una jornada en la que se mantuvieron las protestas en La Paz, sede del Gobierno, ciudad que ha quedado paralizada por la presencia de varios miles de manifestantes y de la huelga de transporte que comenzó hoy.
Los participantes en la protestas ocuparon el centro de La Paz y un grupo de desconocidos provocó el incendio en una galería comercial.
Según la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, nuevos altercados entre uniformados y manifestantes dejaron hoy catorce fallecidos, entre ellos dos soldados, que encontraron la muerte uno en el sur de La Paz y el otro en el altiplano.
Cuatro civiles perdieron la vida en el municipio de Palca, situado al sureste de La Paz, mientras que la única víctima mortal lejos de La Paz se registró en la población de San Javier, en la región de Santa Cruz, en el oriente de Bolivia.
La convulsión generó además un total de 26 heridos, diecisiete de ellos en el barrio de Río Seco en la ciudad de El Alto, al explosionar hoy una estación de servicio por una presunta acción vandálica.
Ante semejante escalada de violencia, las autoridades dispusieron la suspensión de las actividades en el Estado y la mayoría de las empresas privadas cerró sus puertas en La Paz, fundamentalmente por la huelga de transportes que comenzó hoy.
Esta suspensión de actividades conllevó también la paralización de operaciones en los mercados financieros. EFE
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