El año pasado nacieron en el país 71.144 clientes potenciales para quienes venden pañales desechables, a los que deben sumarse los miles de niños de la clientela actual.
Ese nicho ha tentado a muchos empresarios y ha hecho que los negocios conocidos como pañaleras afloren a un ritmo rápido, al punto que ya hay tantas como licorerías.
El dato fue corroborado por el censo de establecimientos comerciales realizado por las firmas Barrionuevo & Asociados y Sui Géneris, que determinó el tipo y características de negocios que existen en todo Costa Rica.
Son 262 las distribuidoras de pañales que se contaron en el país, cantidad que si bien no puede compararse por carecer de datos anteriores, resulta alta tomando en cuenta lo incipiente de ese tipo de comercio, apuntó Polo Barrionuevo.
“Es cuestión de precio”, afirmó Alberto Monge, dueño de la pañalera Elim, en el centro de San José, para explicar el éxito que en su criterio ha tenido este tipo de negocios.
Explicó que un pañal grande en su negocio puede costar ¢55 si se compra empaquetado, mientras que por unidad en pulpería se lo venden en ¢100. Y si compra los de marca en supermercado, en promedio deberá pagar entre ¢75 y ¢130, según tamaño y marca.
Consultas hechas a empleados de varias pañaleras indicaron que las mantillas que venden provienen en buena parte de México, aunque también han introducido producto nacional sin marca.
En San José de Alajuela, Nancy Araya –de la pañalera Kirios– dijo que este es un negocio en el que los márgenes de ganancia son limitados, pero al ser un producto de mucha rotación, la opción se vuelve más interesante ya que además se puede manejar como una empresa familiar.
Rápido y sencillo
Los datos del estudio de Barrionuevo y Sui Géneris confirman que las pañaleras pueden ser una opción poco compleja para establecer un negocio propio.
De las 262 existentes en el país, solo el 9 por ciento tiene más de un empleado y las que cuentan con más personal llegan a tener cuatro.
Y en unos 200 casos, el dueño mismo es también el único empleado.
El espacio tampoco es un obstáculo, puesto que solo un 8 por ciento de los locales de pañaleras que halló el censo supera 50 metros cuadrados.
Gerardo Matamoros, de pañalera Titos –en Tres Ríos–, cree que los buenos resultados de estas empresas no los da solo el pañal, sino la combinación que se logre hacer con otro tipo de productos que también resulten económicos.
De allí que casi todas las pañaleras incluyen en su oferta líneas de limpieza como jabones, cloro, desinfectantes así como papel higiénico.
La mayoría de esos productos, al igual que los mismos pañales, son en su mayoría de marcas poco conocidas en supermercados o incluso sin marca visible.
Monge, de Elim, aseguró que existen productos sin marca que en realidad son fabricados por las mismas compañías que también tienen líneas muy reconocidas.
Y sobre la calidad del producto aseveró que el mismo mercado se ha ido depurando y eligiendo los pañales que mejor cumplen. La demanda demuestra que los que se ofrecen ahora son bien aceptados por el público, agregó.
Para conocer el impacto de la actividad de las pañaleras sobre el fabricante nacional de productos de papel Kimberly Clark, se intentó consultar a sus representantes.
Por medio de una agencia de relaciones públicas solicitaron un cuestionario que les fue enviado y tras ocho días no se tuvo respuesta.