Por Victor Martin
Nueva York, 27 mar (EFE).- Con un homenaje al general William Barclay Parsons, el ingeniero que diseñó y dirigió la construcción del metro de Nueva York, han comenzado los actos conmemorativos del centenario de este servicio que utilizan a diario más de cuatro millones y medio de neoyorquinos.
La Universidad Pública de Nueva York ofrece hasta diciembre una exposición sobre la vida y la obra de Parsons (1859-1932), un experto en redes viarias y prominente militar y educador, que también formó parte de la comisión consultora para la construcción del Canal de Panamá.
Parsons estaba en China, a finales del siglo XIX, estudiando la construcción de una línea férrea en la provincia de Hunan, cuando supo que Nueva York, después de más de tres décadas de malogrados intentos, tenía por fin la determinación política y financiera de construir una red de metro.
Las autoridades pusieron en sus manos el ambicioso proyecto y el 24 de marzo de 1900, en un acto de gran simbolismo, Parsons abría la tierra con un pico en las inmediaciones del ayuntamiento, al sur de Manhattan, marcando así el inicio de las excavaciones,
La masiva llegada de inmigrantes, sobre todo de Europa, y la creciente actividad económica habían hecho de Nueva York un hervidero de gente, que a diario se jugaba la vida en un tráfico caótico dominado por carros de caballos y tranvías.
Para remediar la situación e impulsar la expansión de la ciudad, las autoridades aprobaron la construcción de una línea de transporte subterránea para conectar el sur de la isla con la calle 145, en Harlem, por debajo de la avenida Broadway, en el lado oeste de Manhattan.
El 27 de octubre de 1904, a las 14.00 hora local, se puso en marcha el primer convoy, que tardaría 26 minutos en recorrer un tramo de 14,6 kilómetros con 28 estaciones en su recorrido.
Culminaba así un sueño que costó 40 millones de dólares, en el que trabajaron hasta 7.700 personas en el momento álgido de la construcción, en su mayoría irlandeses e italianos, y que se cobró la vida de 54 neoyorquinos en accidentes.
Nueva York se colocaba así a la altura de París, Londres y Boston, que al inicio del siglo XX ya contaban con este transporte.
El metro de Londres se inauguró en 1863, el de Boston en 1897 y el de París en 1900.
Un siglo después, las 25 líneas actuales, que funcionan las 24 horas del día, registran más de 1.400 millones de billetes usados al año y sitúan a esta red entre las más transitados del mundo junto a las de Moscú, Tokio, Seúl y México.
Con una flota de unos 6.400 vagones y 468 estaciones que salpican más de 1.062 kilómetros de recorrido, el metro de Nueva York sigue siendo un elemento vital para la ciudad, que altera la presión sanguínea de sus usuarios cada vez que un suicidio, un fallo mecánico o una falsa alarma interrumpe su funcionamiento.
Además, se ha convertido en un símbolo más de la cultura popular dentro y fuera del país, tras servir como escenario en películas como "The French Connection", inspirar musicales como "Subways are for Sleeping" o contribuir al éxito de temas como "Take de A Train", de Duke Ellington.
Sus pasillos y estaciones sirven de refugio ocasional a vagabundos, de escenario provisional a músicos callejeros y como peculiar lugar de exposición para artistas plásticos, entre ellos Roy Lichtenstein, de quien se puede apreciar un mural en la estación de Times Square.
Numerosos proyectos de modernización de la red están en estudio o en sus primeras fases de desarrollo, entre ellas la construcción de la nueva estación del World Trade Center, según diseño del arquitecto español Santiago Calatrava, o la creación de una línea a lo largo de la Segunda Avenida, con una inversión de 16.800 millones de dólares.
"Si hubiera imaginado completamente lo que tenía por delante, no creo que hubiera acometido este trabajo", escribió Parsons unos años después de inaugurarse el metro, y reconocía que el entusiasmo de sus años de juventud y su inexperiencia le llevaron a enfrentarse con todos los obstáculos y a transformar un sueño en realidad. EFE
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