Madrid, 28 jun (EFE).- Las políticas aplicadas en Latinoamérica por el FMI han reducido dramáticamente el crecimiento y han aumentado la pobreza y el desempleo, según el economista estadounidense Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001.
En una entrevista con EFE, Stiglitz destacó el caso de Argentina, el "alumno de matrícula de honor del FMI", que se convirtió también "en el mayor desastre de la región" porque el Fondo obligó a su Gobierno a aplicar una política contractiva en medio de la recesión, aunque ahora, sin ninguna ayuda del FMI y enfrentándose a sus críticas, ha comenzado a crecer.
Por el contrario, Stiglitz cree que Brasil es un ejemplo de que la ayuda del FMI, en el momento y medida adecuados, puede ser muy beneficiosa.
El economista valora la capacidad política del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, quien -dice- ha logrado restaurar la confianza en los mercados aplicando una estrategia económica relativamente conservadora, con tipos de interés muy altos y sin elevar el gasto social tanto como deseaban sus partidarios.
Lula espera que, si bajan los tipos, contará con más fondos para políticas sociales, aunque Stiglitz advierte de que esto hace a la economía brasileña muy vulnerable a las vicisitudes de los mercados de capitales y apunta que "sería una pena" que, por cuestiones externas, el presidente de Brasil no pudiera sacar adelante su "agenda social".
Para Venezuela, Stiglitz atisba una señal de esperanza, ya que empieza a ser admitido que, si se quiere levantar el país, es necesario adoptar cambios, de modo que la enorme riqueza derivada del petróleo pueda ser compartida por toda la población.
Stiglitz provocó una encendida polémica con la publicación el año pasado de "El malestar de la globalización", en el que critica con dureza el funcionamiento de las instituciones financieras internacionales como el FMI, el Banco Mundial -cuya vicepresidencia ocupó de 1997 a 1999- y la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Stiglitz no se ve a sí mismo como un "disidente" o un rebelde e insiste en que el problema de las grandes instituciones es que a los altos cargos se les olvidan los objetivos que éstas persiguen, en el caso del FMI promover la estabilidad financiera y en el del Banco Mundial reducir la pobreza.
Stiglitz considera un "desastre" la política económica del Gobierno del presidente de EEUU, George W. Bush, y recuerda que vaticinó que la rebaja de impuestos del 2001 no impulsaría la actividad, sólo beneficiaría a los más ricos y aumentaría el déficit, todo lo cual, afirma, ha terminado sucediendo.
El economista critica, además, que el Gobierno de EEUU ha hecho "lo mínimo" para hacer frente a los grandes escándalos financieros y contables que tuvieron lugar el año pasado y, en materia energética, ha aumentado la dependencia de las exportaciones. EFE
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