
Las máquinas de cada una de las líneas de producción reciben desde abril pasado un "chineo" superior al usual.
Y es que los 125 trabajadores de la fábrica de hilos para coser A&E, al no tener actividad, deben dedicar su tiempo a limpiarlas y cuidarlas.
Otros utilizan su tiempo en armar tarimas, acomodan la bodega repleta de producto terminado o materia prima acumulada.
Entrar a la planta es devastador. Sólo una de las líneas de producción está en labores. Se trabaja a un 15% de su capacidad instalada y la frenética actividad diaria fue sustituida por un silencio perturbador.
El Salvador, Honduras y Nicaragua ya no pueden comprar los hilos para coser, porque deberán pagar impuestos en Estados Unidos por las prendas donde los usen.
Esos tres países adquirían hasta marzo de este año el 90% de la producción. La actividad generaba frenesí permanente para 125 empleados, cuya planilla sin cargas sociales asciende a $69.000 (¢35 millones) mensuales.
El jefe de mantenimiento Adrián Astley y Alexandra Ramírez son claros ante tal panorama: "Tenemos miedo". Los empleados no sólo están informados de lo que pasa, sino que también saben que la casa matriz de la firma vigila a diario la situación para tomar decisiones.
Para los inversionistas, que tienen otras 21 plantas en el mundo, la situación es cada días más insostenible.
La planta de Costa Rica tiene 16 años, acumula una gran experiencia y la relación de costo por unidad es la mejor del mundo.
La compañía invirtió en plantas de tratamiento de aguas
Rodrigo Elías, el gerente general, explicó que las máquinas para hacer hilos tampoco se pueden llevar fácil de un país a otro.