Por Javier Aliaga
La Higuera (Bolivia), 9 oct (EFE).- Las huellas dejadas por el legendario guerrillero argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara en Bolivia están más vivas que nunca en la memoria de los viejos pobladores de La Higuera, en el sureste del país, el lugar donde fue ejecutado hace 37 años.
Los habitantes de esta remota aldea, ubicada a unos 800 kilómetros al sureste de La Paz, que fueron testigos de la marcha de la guerrilla y de las operaciones del Ejército boliviano en 1967, aún evocan con gran frescura los sucesos que marcaron las últimas horas de la vida del Che Guevara, nacido en Argentina en 1928.
En La Higuera, la difusión de esos testimonios alterna con los homenajes que los jóvenes seguidores de las ideas del guerrillero ofrecen anualmente en su memoria para recordar su ejecución, el 9 de octubre de 1967.
Uno de los testigos de los sucesos decisivos es Policarpio Cortes, de 65 años, quien dijo a EFE que fue uno los dos campesinos que vio al Che bajo custodia de los soldados en la Quebrada del Churo, el 8 de octubre, y presenció un incidente que le pudo haber costado la vida a Guevara ese mismo día.
Según Cortes, ese día, uno de los soldados sacó de su bolsillo un revólver que el Che había extraviado y le increpó al guerrillero: "Ahora sí desgraciado. ¿(Por) culpa de quién están muertos mis compañeros?. Si no dices ahora, vos con tu propia arma, vas a morir".
"Entonces un teniente que llegó le dijo: ¡Alto soldado! Le quitó el revólver y lo puso en su bolsillo. Porque, si no, ahí mismo lo iba a matar al Che", recuerda Cortes.
El alemán Erick Bossl, de 73 años, asentado hace varios años en la región, relató con énfasis que la mayor impresión que tuvo esa época fue al ver los ojos abiertos del guerrillero, cuando su cuerpo sin vida fue expuesto en la lavandería del Hospital "Señor de Malta", de la localidad de Vallegrande.
"Se tenía la impresión de que (Guevara) lo estaba mirando a uno y de que te contestaba con la mirada", asegura al explicar que su hipótesis es que los ojos se "endurecieron abiertos" debido a la fuerza de las hélices del helicóptero que trasladó el cuerpo del Che desde la Higuera a Vallegrande, en una camilla atada a los patines de la aeronave.
Esta semana, en Vallegrande también hubo homenajes al revolucionario argentino, en el mausoleo que se está construyendo en el lugar de donde fueron exhumados en 1997 sus restos y los de sus compañeros, después de casi treinta años de permanecer ocultos por decisión del Ejército boliviano.
Benita Calzadilla, una campesina de la zona, trajo a la memoria el día en que el Che y su grupo guerrillero llegaron a la denominada Abra del Picacho, cercana a La Higuera, y participaron en una fiesta religiosa que organizaban los lugareños.
En su diario de campaña, el 26 de septiembre, el combatiente asegura que en ese lugar se alcanzó la mayor altitud de la expedición guerrillera, 2.280 metros sobre el nivel del mar, y reconoce que fueron bien tratados por los agricultores.
La historia de la guerrilla está recogida, desde el pasado jueves, en tres pequeños museos, en La Higuera, Lagunillas y Vallegrande, como parte de la "Ruta del Che", un recorrido turístico por los lugares que usó el grupo guerrillero, entre noviembre de 1966 y octubre de 1967.
Hasta hace ocho años, el Ejército boliviano ponía obstáculos a que la Higuera fuera visitada y que se reunieran los seguidores del Che, pero ahora, según el alcalde de Pucará, Remberto Carrizales, hay "más apertura" porque se entiende que la visita de turistas beneficia a los habitantes de esa deprimida zona rural. EFE
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