El centro de San José ya se había vuelto una zona demasiado comercial y, además, la burguesía josefina andaba en busca de un refugio para sus nuevas y elegantes casas.
Eso fue tierra fértil para que el emigrante francés Amón Fasileau, a partir de 1892, y tras varios acuerdos con la Municipalidad de San José, fundara un barrio con su nombre para lo que debieron realizarse expropiaciones por 10.000 pesos.
Barrio Amón marcaría entonces el inicio de la construcción de los "barrios de moda", una tendencia que se mantiene hasta hoy y que ha estado en diversos puntos de la capital costarricense.
La historiadora Yanory Alvarez, del Ministerio de Cultura Juventud y Deportes, señaló que después de ese momento siguieron apareciendo esas zonas residenciales. En ellas se fueron ampliando las posibilidades arquitectónicas gracias a la conclusión del ferrocarril al Atlántico, que permitió la importación de materiales de construcción desde sitios como Bélgica, Alemania e Inglaterra.
Los terrenos nunca fueron baratos. El lote donde hoy se encuentra la Alianza Francesa fue vendido en 1893 en ¢10.218, suma tan importante para el comprador que fue pagada en un plazo de cinco años, según una investigación de los historiadores Gerardo Vargas y Carlos Zamora.
La ciudad creció sin alejarse mucho del centro. Cuando Amón se fundó, vivían en la ciudad 19.300 personas y ya para 1930 vivían en San José 54.700.
Surgieron barrios como Otoya y Aranjuez. Poco después, cuando hicieron falta más espacios para la burguesía josefina, apareció el barrio González Lahmann, en donde en 1920 se construyó el Tennis Club.
Más que moda, los desplazamientos de un centro urbano son una respuesta a los movimientos económicos de una ciudad, consideró la arquitecta Blanca Suñol de la Municipalidad de San José.
La funcionaria considera, eso sí, que la búsqueda de zonas pacíficas para habitar lleva muchas veces a transformaciones en el uso del suelo de algunas áreas que incluso no están preparadas para una polución desmesurada.
Siempre al este
A mediados del siglo XX la expansión residencial generó más "barrios de moda" ,tales como Los Yoses y Escalante.
De nuevo, el precio de la tierra marcaba el segmento social al que se enfocaban.
En un ejemplar de La Nación de 1952 se consigna en los avisos económicos la venta de un lote de 750 varas cuadradas (0.86m2) en Los Yoses, por ¢37.000.
Cada vara tenía un costo de ¢49, mientras más abajo se ofrece otro lote en Guadalupe donde cada vara vale ¢24.
El cambio de vocación de los "barrios de moda" aún no se vislumbraba.
Hoy, en cambio, en el Concejo capitalino se reciben 100 solicitudes diarias para cambio de actividad en inmuebles y se aprueban 3.000 al año, mientras que para construir o remodelar, son 1.000 en igual lapso.
Por ello no es raro, explicó Suñol, que en esas barriadas los nuevos vecinos sean oficinas de abogados, consultorios médicos y tiendas, entre otros.
El paso de uso residencial a comercial en un barrio, lejos de restarle valor, lo eleva. En Amón un terreno de 460 metros cuadrados con una construcción de 190 metros cuadrados, se ofrece hoy en $450.000 (¢147,6 millones).
Según la presidenta de la Cámara de Corredores de Bienes Raíces, Emilia Piza, los barrios que se transforman mantienen su selectividad o valor histórico, a lo que se le suma el valor agregado que da la consolidación de un núcleo comercial.
"Es que la gente no se va porque el barrio se deteriore o tenga problemas de plusvalía, sino porque buscan recobrar la tranquilidad que tuvieron antes", indicó.
Una propiedad en las cercanías de Escalante, con 600 metros cuadrados de construcción, vale $750.000 (¢246 millones).
Nueva mudanza
Piza cree que la necesidad de contar con el mayor número de servicios cerca, pero a la vez que estos no terminen mezclados con las viviendas con la consiguiente pérdida de tranquilidad, es lo que empuja a la gente a buscar nuevas opciones.
Y la tendencia indica que eso lo encontraron en Escazú.
El alcalde de ese cantón, Adrián Chinchilla, consideró que el fenómeno no se trata de una casualidad, sino de la planificación que ha permitido que el crecimiento comercial de la zona no interfiera en su vocación residencial.
Como idea del ritmo de crecimiento de Escazú, el promedio de recaudación por impuestos de construcción promediaba anualmente unos ¢60 millones después de 1996, pero en el 2000 se cobraron ¢152 millones, según datos de la Municipalidad. Por patentes comerciales la recaudación en el último año subió en un 120%.
El boom de Escazú, en criterio de Suñol, tuvo su origen en la llegada de muchos extranjeros que encontraron en la zona un lugar apacible y no tan lejano.
"Los ticos sienten entonces una sana envidia y empieza el traslado a esa zona", señaló la arquitecta, pero aparejado a ello, se mudan la especulación e inconvenientes ante la falta de previsión.
Hoy un metro cuadrado en algunos sectores de Escazú son tasados por la Municipalidad en $125 (¢41.000), mientras que en la zona comercial llega a $330 (¢110.000).
Chinchilla reconoció que el cantón no estaba preparado cuando se produjo la invasión, y ello implicó problemas de vías, ruido y recolección de basura.
Sin embargo, dijo, el aumento de ingresos se está utilizando en una planificación que permitirá que no suceda lo que en su criterio ocurrió en otras zonas.
"Seguiremos con dos zonas prósperas, la comercial y la residencial, pero lo suficientemente aisladas una de otra para que la zona no pierda su atractivo".
El único problema, que en 1892 no tuvo Amón Fasileau, es que la tierra se agota. Ello podría dar sentido a los condominios, como indicó Chinchilla.