Por César Muñoz Acebes
Washington, 17 may (EFE).- Las amas de casa siempre han temido a la inflación, que es una gran desestabilizadora de la economía, pero sobre EEUU ahora se cierne el espectro de la deflación, que tiene poderes igualmente paralizantes y ya ha asustado a los mercados.
Las bajadas generalizadas de precios deberían alegrar al consumidor a simple vista, pero en realidad reducen la actividad económica.
"Las empresas acreedoras pagan los créditos de sus ingresos, pero estos son menores si caen los precios", explicó a EFE Charles Schultze, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca durante el Gobierno del presidente Jimmy Carter.
También las deudas personales se agrandan en términos reales con la deflación, por lo que se la considera un impuesto para los acreedores, en comparación con su hermana opuesta, la inflación, que es un tasa que grava a los prestamistas.
La deflación hace que los consumidores reduzcan sus compras, en espera de precios más bajos todavía, y las empresas sus inversiones.
En una economía que no acaba de levantar cabeza, ésta sería el tiro de gracia, pero para algunos expertos el miedo a un descenso generalizado de los precios en EEUU es exagerado.
"No he visto ninguna evidencia de deflación", dijo a EFE Jack Triplett, ex economista jefe de la Oficina de Análisis Económico de EEUU.
No obstante, los mercados financieros no están tan seguros y los últimos datos económicos divulgados esta semana no los han calmado.
El Indice de Precios de Productor -una media del valor de los productos vendidos por los fabricantes- registró el mes pasado su mayor caída desde que se creó el indicador, hace 57 años, con una bajada del 1,9 por ciento.
El Indice de Precios al Consumo (IPC) también se encogió un 0,3 por ciento en abril, con lo que la inflación interanual ha subido un 1,5 por ciento, el menor incremento desde 1966.
Estos datos acrecentaron el miedo al fantasma de la deflación, que la Reserva Federal había sacado del baúl de los recuerdos.
El Comité Federal del Mercado Abierto del banco central de EEUU advirtió en su última reunión, el 6 de mayo, que "la probabilidad de una caída sustancial e indeseada en la inflación, aunque pequeña, excede la de un aumento en la inflación desde su bajo nivel actual".
Para la comedida Reserva Federal, que evita la contundencia en sus declaraciones, esta advertencia es inusual, pues durante décadas ha pintado a la inflación como el gran demonio a ser controlado.
El mercado ha reaccionado a los augurios ominosos y a los datos negativos con la compra furiosa de bonos, que son una inversión segura para protegerse de una bajada de precios.
El rendimiento de los pagarés del Tesoro de 10 años cayó al 3,46 por ciento el viernes, su menor nivel desde 1958, debido al aumento de la demanda.
El miedo no es para menos. El último período de deflación en EEUU fue durante la depresión de 1929 y el gran ejemplo reciente de sus estragos es Japón, que lleva una década entre la deflación y la inflación débil.
Pero Schultze opinó que la situación en EEUU no es comparable a la del país asiático, cuyo estancamiento económico se debe, a su juicio, principalmente a la crisis bancaria. El economista concluyó que en EEUU la deflación "podría ser un problema, pero no es tan serio como la gente cree".
Triplett reconoció que, por ejemplo, los precios de aparatos electrónicos están bajando, pero enfatizó que no es así con los de los servicios.
"La gente mira a los productos que compra frecuentemente, pero no a otros que compra raramente, para los que no tiene parámetros de referencia", señaló.
Triplett y otros expertos apuntaron a que el descenso de los precios en EEUU está impulsado por la alimentación y los combustibles, que son rubros particularmente volátiles. EFE
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