por Marga Zambrana
Pekín, 25 dic (EFE).- Camareras disfrazadas de Papá Noel, felicitaciones en mandarín, rebajas por Navidad y árboles artificiales iluminados invaden en estas fechas las grandes ciudades de China, país con sólo un 1,15 por ciento de cristianos.
"Me encantan las celebraciones como el día de San Valentín y Navidad porque nos reunimos con los amigos", señaló Zhang Hua, un bailarín, al diario "China Daily".
"No nos importa lo que la Navidad significa en otros lugares, aquí es una oportunidad para celebrar una fiesta durante toda la noche", añadió.
Occidente está de moda en China, un gigante emergente con un asombroso crecimiento entorno al 9 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) donde todo lo que venga del oeste significa estatus.
"Con el aumento del nivel de vida, cada vez más celebran la Navidad, un símbolo del desarrollo económico de China", señaló Wang Shaoqi, secretario general de la asociación del sector de la artesanía de Shenzhen (provincia de Cantón, sur).
En el centro comercial de Pekín la mayoría de edificios están ornamentados con motivos navideños, mientras que muchos restaurantes y hoteles ofrecen cenas por la celebración, en un ambiente festivo acentuado con la llegada de la nieve esta semana.
Según una encuesta realizada entre 2.000 personas por el Instituto de Estudios Sociales de China, un 90 por ciento con edades entre 15 y 45 años planeaban celebrar la Navidad este año.
Un tercio del total en restaurantes y lugares de ocio, un cuarto con una cena familiar o con amigos y un 10 por ciento tenía previsto ir a la iglesia.
Además, es común en Nochebuena enviar frenéticamente mensajes de móvil en mandarín a los amigos felicitando la Navidad y que las oficinas de correos reciben una avalancha de postales.
"Para mí no es una cuestión religiosa, pero me gusta la cultura occidental y quiero aprovechar para estar con mis amigos", señaló Yu Meng, de 27 años, que trabaja en una embajada en Pekín.
"Los chinos aprecian las festividades occidentales y, quienes se lo pueden permitir, lo celebran. Pero la gente compra demasiados lujos por ostentación", señaló Wu Bingan, presidente de la Asociación de Folclor Chino.
"Es menos una cuestión cultural que un irracional consumismo", agregó.
Otros, como Paul Mooney, corresponsal de la revista "Newsweek" desde 1994, opinan que "celebrar la Navidad es un resultado de los intercambios culturales y no afectará a la cultura tradicional".
El consumo interno de productos navideños se incrementó entre un 5 y un 10 por ciento en 2003, según publica hoy la agencia oficial Xinhua.
"Los objetos navideños se están vendiendo muy bien, estamos muy ocupados durante este periodo", declaró Chen Tianfen, vendedor en el mercado Tianyi de Pekín.
El incremento le ha venido bien al sector que, a pesar de invadir al resto del mundo con un ejército de figuritas de Papá Noel y otros objetos navideños, que suponen el 80 por ciento del total global, ha visto cómo sus exportaciones se reducían en los últimos años.
Según la Administración de Aduanas de Cantón, hasta noviembre de 2004 se exportaron desde la provincia unos 620 millones de dólares, un 19,6 por ciento menos que el mismo periodo de 2003.
La reducción se debe, según Xinhua, a las barreras que los países europeos están poniendo a estos productos, entre otras, por las violaciones de los derechos de propiedad intelectual.
A pesar del ímpetu chino por ocupar el sector de los objetos navideños en el mundo, el Gobierno recela del avance del Cristianismo en China, donde no llegan las películas navideñas.
Según las cifras oficiales, en China hay unos 20 millones de protestantes y cuatro millones de católicos pertenecientes a la iglesia "patriótica", que cuenta con el beneplácito del Gobierno.
Ayer por la noche, más de 1.700 personas se agolpaban en la iglesia Protestante de Chongwenmen, en Pekín, a pesar de las bajas temperaturas, y la iglesia católica de Zhushikou estaba también llena, en parte de inmigrantes rurales alejados de sus familias.
El Vaticano estima un total 10 millones de católicos en China (país de 1.300 millones de habitantes), contando con a la iglesia "clandestina", perseguida por Pekín que aplica la prohibición sobre el proselitismo a pesar de la reciente redacción de una ley sobre la libertad de culto. EFE
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