
El consumo de tabaco en Costa Rica presenta patrones concentrados en población adulta, urbana y de menores ingresos, según un análisis divulgado por la Red Nacional Antitabaco de Costa Rica (Renata) sobre el periodo 2017-2022.
La información señala que la edad promedio de inicio del fumado se ubica en 18,32 años. Además, el mayor consumo se registra en hombres entre los 35 y 64 años, con mayor presencia en personas con menor nivel educativo.
El estudio también identifica que cerca del 80% de las personas fumadoras reside en zonas urbanas, con una alta concentración en San José, que agrupa más del 40% de esta población. Le siguen Alajuela y Cartago como provincias con mayor incidencia.
Otro hallazgo relevante es el perfil socioeconómico del fumador. La mayoría corresponde a personas laboralmente ocupadas ubicadas en los primeros quintiles de ingreso. En este grupo, entre el 60% y el 61% del consumo se concentra en los tres niveles de ingresos más bajos.

El informe advierte que en estos hogares se presenta un fenómeno de desplazamiento del gasto, donde el consumo de cigarrillos compite con necesidades básicas. Cerca del 75% de las personas fumadoras en estos quintiles prioriza la compra de tabaco sobre alimentos.
“Los quintiles más bajos se ven limitados a la compra de servicios y productos de mayor calidad. El uso del dinero en productos adictivos que generan enfermedad va a reducir aún más esa capacidad. El segundo punto es que están generando un gasto en enfermedad que, en algún momento, les va a generar gastos mayores”, mencionó el Dr. Jeancarlo Córdoba Navarrete, investigador de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Costa Rica (UCR).
En cuanto a hábitos de compra, más del 90% adquiere cigarrillos en tiendas, mientras que el 81% consume productos en cajetilla y el 15% opta por cigarrillos sueltos.
El análisis también destaca el impacto de los impuestos al tabaco. Un aumento del 10% en el precio puede reducir el consumo diario en un 1,3% y retrasar el inicio del fumado en casi tres meses. El efecto es más significativo en personas jóvenes entre 15 y 24 años, donde la reducción puede alcanzar el 4,4%.
Finalmente, el estudio concluye que el consumo de tabaco en el país mantiene brechas sociales y territoriales, lo que plantea desafíos para las políticas públicas de salud y prevención, en especial en poblaciones vulnerables.