Por César Muñoz Acebes
Washington, 28 ene (EFE).- El miércoles cambiará por primera vez en 18 años el presidente de la Reserva Federal, organismo que puede parecer lejano y sombrío, pero cuyas decisiones afectan al bolsillo tanto de los neoyorquinos, como de los cariocas o los sevillanos.
Ben Bernanke, un académico de fama en los círculos de la economía monetaria, reemplazará a Alan Greenspan, el personaje contemporáneo que más se asemeja a una pitonisa del oráculo de Delfos, por su capacidad para predecir las condiciones económicas futuras.
Con ello, Bernanke se convertirá en el economista más poderoso del mundo.
"Es difícil pensar en cualquier otra persona que pueda ejercer la influencia que tiene" el presidente de la Reserva Federal, conocida como "Fed", dijo a EFE Robert Cumby, un economista de la Universidad Georgetown.
Claro que es un poder en la sombra, que no capta los titulares como el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, o la actriz Angelina Jolie.
Sin embargo, declaraciones aparentemente crípticas de Greenspan sobre los riesgos de la inflación en EEUU son capaces de hacer delirar o derrumbarse a las bolsas de Nueva York, Londres y Tokio, donde los analistas están pendientes de cualquier cambio de tono o selección de palabras del jefe de la Fed.
¿De dónde viene ese poder? Primero, la Reserva Federal es el banco central de la mayor economía del mundo, que si por debilidad tose, contagia de gripe al resto del planeta.
Estados Unidos es el mayor comprador y una recesión aquí significa pérdidas de trabajo de San Salvador a Manila.
Por ello, a todos interesa una buena dirección monetaria en Washington. No siempre la ha habido. En los años 20 su política de expansión de la base monetaria infló los precios de las acciones, según muchos economistas.
Luego, cuando reventó la burbuja en la Gran Depresión, la Fed elevó el precio del dinero, lo que agravó la crisis, según Greenspan y Bernanke, dos individuos a quienes les fascina la experiencia de aquella época.
Esa recesión inauguró una era glaciar de la economía en todo el planeta que contribuyó al ascenso del fascismo.
El segundo canal de influencia de la Fed en el mundo, y éste más inmediato, es su gestión de la cantidad de dinero en circulación.
La Reserva Federal dice a los bancos qué porcentaje de sus fondos deben guardar como reserva. Cuanto mayor es ese número, menor es la cifra disponible para créditos.
También puede intervenir en el mercado con cambios en la tasa de interés de los préstamos que extiende a los bancos privados.
Por último, la Reserva Federal compra y vende bonos del Tesoro. Si quiere abaratar el crédito para las empresas, los ciudadanos con hipotecas y los consumidores en general, vende títulos, con lo que coloca más billetes verdes en circulación.
Este es el método preferido por el banco central para influir en la economía, que se alegra por la mayor demanda de ordenadores, botes de pesca y ladrillos que genera el crédito fácil.
Sin embargo, una liquidez excesiva puede provocar un recalentamiento económico que se traduce en la temida inflación, por lo que la Reserva Federal debe encontrar un difícil equilibrio en su política monetaria.
Estos métodos de intervención en la economía son usados por todos los bancos centrales, pero la Fed es especial porque maneja el dólar, que es una moneda de reserva y de referencia a nivel mundial.
"Las tasas de interés de otros países tienden a seguir estrechamente las de Estados Unidos", explicó a EFE Kevin Hassett, un ex economista de la Reserva Federal.
Una alta tasa de interés en EEUU significa más rentabilidad en sus bonos, lo que convence a los inversores a colocar el dinero aquí y eleva el valor de la moneda estadounidense.
Para América Latina en especial, una política monetaria restrictiva en EEUU es normalmente una mala noticia, porque incrementa los intereses que debe pagar por su deuda.
Al mismo tiempo, se reduce la entrada de capital extranjero, que se ve seducido por los títulos de bajo riesgo que saca Washington.
Así, puede que el cambio de liderazgo en la Fed no sea tema de conversación entre los jóvenes que pagan hipotecas en Santiago o los pequeños empresarios de Guayaquil, pero su holgura económica depende, en parte, de lo que desde el miércoles haga un estadounidense llamado Bernanke. EFE
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