México. El edificio modernista de cristal y acero de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) está a la venta y hay quienes incluso dicen que su distintiva cúpula transparente, que albergó al piso de remates, sería perfecta para un restaurante o una discoteca.
Durante décadas, la BMV operó en una vieja edificación del centro de la capital mexicana, pero en abril de 1990 se trasladó al llamado Centro Bursátil: una torre de 15 pisos con tres picos, ventanas de espejo ahumado y una instalación anexa con una cúpula poliédrica.
Hoy, el otrora símbolo de pujanza económica tiene la posibilidad de ser el marco de otro tipo de gritos, pero ahora con música estridente y luces de colores en el lugar donde antes había pizarras electrónicas de cotizaciones.
El nuevo edificio, en una ubicación privilegiada en el céntrico Paseo de la Reforma, fue considerado como símbolo de una época de pujanza económica y de auge en el sector bursátil, que fungió como banca paralela durante casi una década en tiempos de la estatificación bancaria decretada en 1982.
Pero los criterios ahora son de estricta búsqueda de rentabilidad.
Hace tres meses, esto quedó patente con el fin de las operaciones a "viva voz" en el piso de remates, que terminó con una tradición de 104 años. A partir del enero de 1999 todos los valores inscritos en la Bolsa se negocian a través de sistemas electrónicos.
Venta estratégica
Para el presidente de la BMV, Manuel Robleda, la venta del edificio forma parte de su estrategia de rentabilidad para la institución.
En una reunión con periodistas insistió en que a él, como hombre de negocios, le interesaba que toda empresa que encabece dé resultados positivos a sus accionistas.
Robleda dijo que el edificio ya no es necesario para el nuevo estilo de operación y administración de la Bolsa e indicó que se venderá a quien pague por lo menos $42,5 millones y acepte la permanencia, como inquilino, de la institución.
El jerarca no descartó la posibilidad de que el piso de remates se convierta en discoteca, siempre y cuando, dijo, sea en aras de la rentabilidad para los socios de la Bolsa.
"En el mundo todavía prevalece el concepto de que las bolsas son instituciones no lucrativas, que no deben tener el objetivo de obtener utilidades, pero yo creo que no tiene que ser así", argumentó Robleda.
"En 1994, cuando la Bolsa cumplió 100 años, pagó por primera vez un dividendo a sus accionistas", destacó.
Refirió que de 1994 a enero de 1999 la Bolsa ha pagado dividendos por un total de 858 millones de pesos, equivalentes a 72,2 por ciento del capital contable de diciembre de 1994.
Robleda explicó que las devoluciones de capital también obedecen a la estrategia de disminuir el precio de la acción de la Bolsa para atraer a nuevos participantes.
"Actualmente la acción de la Bolsa cuesta el equivalente a 800.000 dólares, mientras que apenas en 1998 el precio era de tres millones de dólares", comentó.