Pedro Alonso
Londres, 5 mar (EFE).- El Spitfire, el legendario caza británico que hizo estragos en la aviación nazi durante la II Guerra Mundial (1939-1945), volvió hoy a surcar los cielos del Reino Unido para conmemorar el septuagésimo aniversario de su primer vuelo.
El 5 de marzo de 1936, el Spitfire, diseñado por Reginald Mitchell, efectuó su primer vuelo de prueba en el aeródromo de Eastleigh, reconvertido más tarde en el actual Aeropuerto Internacional de Southampton (sur de Inglaterra).
Se trataba de un monoplaza pequeño y estilizado, con unas llamativas alas elípticas que lo harían inconfundible, un tren de aterrizaje replegable, un potente motor Rolls-Royce y un formidable armamento compuesto por ocho ametralladoras de 7,7 milímetros.
El vuelo, que duró ocho minutos, impresionó tanto a la Fuerza Aérea Británica (Royal Air Force, RAF) que el Ministerio del Aire, ansioso por disponer de un caza moderno capaz de contrarrestar la creciente amenaza que representaba entonces la Alemania de Adolf Hitler, encargó 310 aparatos antes, incluso, del final de la prueba.
Siete décadas después de aquel ensayo, Alex Henshaw, de 93 años y piloto de pruebas del Spitfire (literalmente "escupefuego"), regresó hoy al aeródromo en el que nació uno de los aviones de guerra más famosos.
Equipado con unos auriculares y ataviado con una capucha de aviador, Henshaw montó en un "Spitfire" biplaza y recreó aquel inolvidable vuelo de ocho minutos que pasó a los anales de la historia de la aviación.
"Volé por primera vez en el Spitfire desde Eastfield el día de mi cumpleaños en 1939, y ésta es la última vez que volaré en uno. Así que esto es muy nostálgico", dijo el anciano, al definir el avión como el "más extraordinario monoplaza de ala baja jamás construido".
Henshaw llegó a supervisar más de 37.000 vuelos de prueba del "Spit", como se conoce popularmente al avión, y presenció 127 accidentes que se cobraron la vida de cuatro pilotos.
Desde tierra, miles de personas, entre ellas algunos veteranos de guerra, siguieron con entusiasmo el periplo del veterano piloto, que sobrevoló Southampton escoltado por otros cuatro Spitfire, cuyas hélices resonaron con la energía de antaño en toda esa ciudad.
El propio hijo de Reginald Mitchell, el octogenario Gordon Mitchell, tampoco quiso perderse la exhibición aérea y acudió al aeropuerto de Southampton, donde comentó que su padre se habría sentido hoy "muy contento y orgulloso".
El "Spit" entró en servicio en 1938 en la RAF y demostró su efectividad en la llamada Batalla de Inglaterra (1940), en la que, haciendo honor a su nombre, "escupió fuego" de verdad contra la Lutwaffe, la temida Fuerza Aérea Alemana.
Admirado por su potencia de disparo y agilidad, el Spitfire se convertió en el avión "insignia" de la RAF y fue el arma decisiva de los británicos, junto a otro aparato mítico, el bombardero "Hawker Hurricane", para impedir la invasión nazi de Gran Bretaña.
Mientras algunos expertos atribuyen más méritos al Hawker que al Spitfire en aquella batalla, Henshaw cree que "el Hurricane fue un avión fantástico y aportó tanto como el Spitfire. Pero si bien el Spitfire no ganó la guerra, ésta se habría perdido sin él".
Más de 22.000 "Spit" se construyeron durante y después de la II Guerra Mundial, incluida una versión naval bautizada como Seafire, y actualmente unos cincuenta aparatos todavía se dejan ver en los cielos de todo el mundo.
Sin disparar hoy día ni una bala, el Spitfire aún fascina a los británicos, que recientemente eligieron en una encuesta al caza como uno de sus tres diseños favoritos del siglo pasado, junto al mapa del Metro de Londres y el avión supersónico Concorde. EFE
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