Buenos Aires. La falta de simetría en las políticas económicas de Brasil y Argentina volvió a ser la semana pasada la chispa que hizo estallar una nueva batalla comercial en el seno del Mercado Común del Sur (Mercosur), que vive la peor crisis de sus ocho años de vida.
Todo empezó con la suspensión por parte de Brasil de sus negociaciones técnicas comerciales con Argentina, argumentando las salvaguardas que este país había establecido para la industria textil, en una situación que obligó a una visita de emergencia del presidente Carlos Menem a Brasilia el jueves en la noche.
Tras el diálogo con su homólogo brasileño, Fernando Henrique Cardoso, finalmente las salvaguardas argentinas serán revisadas para los socios del Mercosur (además de Argentina y Brasil, Uruguay y Paraguay) pero nuevas negociaciones deberán realizarse esta semana en una reunión ministerial (precedida por otra de carácter técnico), que se realizará en Montevideo.
Industriales y comerciantes de las dos naciones han señalado que esta crisis en el seno del Mercosur -resuelta a medias- no será la última, mientras sean divergentes y contradictorias las estrategias monetarias, fiscales e impositivas de los países socios.
Los economistas coinciden en que no hay libre comercio ni unión aduanera posible sin complementar estos instrumentos, y la prueba es el colapso que provocó en enero pasado la devaluación del real brasileño.
Precios devaluados
Una vez más el origen de la controversia fue la airada demanda de las industrias, en este caso las argentinas, que no podían soportar ni un día más la presión de las importaciones brasileñas a precios devaluados.
El gobierno de Carlos Menem, acosado por la agitación social y en retirada frente a las fuerzas políticas que disputarán las elecciones presidenciales de octubre, cedió esta vez a los reclamos, que había ignorado olímpicamente en otras oportunidades, cuando saboreaba las mieles del poder.
No hay analista ni centro de estudios económicos que no haya señalado que los dos mayores socios del bloque del sur deben poner en armonía sus tipos de cambio, así como necesitan ponerse de acuerdo en los subsidios que le otorgan o le niegan a las empresas.
Las mercancías brasileñas se tornaron más baratas y competitivas, en desmedro de las argentinas, uruguayas y paraguayas, pero la recesión hizo lo suyo para que el problema no fuera más grave.
Una advertencia que caló hondo la había formulado Winston Frischt, exsecretario de Industria de Cardoso, cuando dijo en Buenos Aires que "en un año y medio o dos, Argentina tiene que dejar flotar su moneda, para poder reconducir la integración".
Tipo de cambio
Pero hablar de una modificación en la tasa de cambio fija es un tabú, según lo acaban de reafirmar en Nueva York José Luis Machinea (Alianza, socialdemócrata) y Jorge Lemes Lenicov (peronista, neoliberal), los dos principales candidatos a ministros de economía.
Francisco Macri, el líder de la multinacional argentina SOCMA, dijo que las tensiones "son políticas" y reflejan los problemas de Menem y Cardoso para llevar con firmeza el timón en las tinieblas de la recesión.
La depresión de las economías redujo el tamaño de los mercados internos y destruyó puestos de trabajo, con su secuela de menor consumo y recaudaciones fiscales más pobres, mientras caen las exportaciones sin respetar fronteras.