Con el advenimiento del euro el próximo 1.∞ de enero desaparecerá la moneda más antigua del mundo, el dracma griego, surgida en Asia Menor en el siglo VII antes de nuestra era y que en tiempos de Alejandro Magno llegó a utilizarse incluso en India.
Restaurado por un decreto real del 8 de febrero de 1833, un año después de la independencia de Grecia, el dracma es el heredero lejano de las pequeñas bolas de electro, una aleación natural de oro y plata, nacidas en Lidia (Turquía) allá por el período 660-650 a. C.
Un siglo más tarde, Creso fundó su prosperidad en el dracma (literalmente puñado de óbolos), cuyo anverso representaba una cabeza de león atacando a un toro. En esa misma época esta moneda aparecía en las islas griegas que bordeaban Asia Menor y en Grecia continental.
En la antigüedad numerosas ciudades-estado tenían su propia moneda, sobre todo al principio del siglo IV a. C. La más extendida, además de las de Atenas y Egina, era el dracma de Corinto (ornado con Pegaso al galope).
El dictador Pisístrato, en el poder de 560 a 527 a. C., dotó a Atenas de un nuevo tetradracma, una moneda de cuatro dracmas, que dominó durante más de dos siglos el comercio en Oriente", explica el experto en numismática J. G. Milne.
En el siglo IV el dracma se convirtió en "el rey dólar" de la época, con las conquistas de Alejandro Magno (336-323 a. C.) y se extendió hasta Persia y luego a India. Series de tetradracmas son imitadas y acuñadas en Arabia y en Persia mucho después de la muerte de Alejandro III.
Incluso, el nombre de algunas monedas del mundo árabe, como el dirham, derivan de la palabra dracma. En aquella época los mercenarios exigían que su pago fuera realizado en dracmas.
En decadencia
Pero el empuje de Roma llegó por el oeste y a principios del siglo III el dracma desapareció poco a poco para dar paso a la presencia del denario romano.
Otros europeos también sienten la desaparición de sus monedas. Los italianos son los más nostálgicos de su moneda nacional pues el 81% de ciudadanos de ese país afirman que quieren conservar algunas liras como recuerdo tras el paso al euro, mientras solo el 48% de holandeses han pensado en hacer lo mismo, según un sondeo publicado el domingo pasado.
El 74% de los españoles, el 58% de los franceses y el 57% de los alemanes guardarán algunas monedas, de acuerdo con la encuesta realizada en cinco países de la zona euro.