Buenos Aires. El fuerte crecimiento económico permitió que el desempleo -el principal problema social argentino- volviera a ceder terreno y hacer creíble la promesa del Gobierno de reducirlo a un dígito para el 2000.
Una fuente del Poder Ejecutivo reveló que la desocupación cayó en octubre a 13,8 por ciento desde 16,1 por ciento en mayo, y un pico de 18,4 por ciento en 1995, cuando la economía argentina fue vapuleada por el "efecto tequila" de la crisis del peso mexicano.
La caída es superior a la esperada por los analistas, que preveían una tasa de entre 14 y 15 por ciento, y del propio Gobierno, que había previsto una baja a 14,1 por ciento.
A pesar de la reducción, que los especialistas atribuyen al crecimiento del 8 por ciento de la economía durante 1997 y a una rebaja en los aportes patronales en 1996, el índice de desempleo sigue superando con holgura el 8 por ciento que heredó el presidente Carlos Ménem cuando asumió en 1989.
Los datos mostrarán, según la fuente, una creación de 300.000 puestos de trabajo desde mayo y una reducción de la cantidad de gente que sale a buscar empleo, cambiando la tendencia que se verificó durante los últimos años.
Según datos privados, es justamente la caída en la tasa de personas que andan buscando trabajo, conocida como tasa de actividad, la que produjo una caída del desempleo mayor a la prevista.
Reforma laboral
Según datos del Ministerio de Trabajo, la mayor parte de los empleos creados se dan a través de lo que los sindicalistas llaman "contratos basura", y que promueven la incorporación de personal a muy bajo costo y por períodos determinados, sin riesgo de juicios ni pagos de indemnizaciones.
Pero de poco le servirá la caída en la desocupación al ministro de Trabajo, Armando Caro Figueroa ya que fue relevado de su puesto esta semana tras fracasar durante cerca de dos años pues no creó las condiciones idóneas para un consenso entre sindicatos y empresarios a fin de impulsar una reforma de las leyes laborales.
Para su reemplazante, el exministro de Economía Erman González, quien asumirá el 11 de diciembre, el panorama tampoco es rosa debido a que los sindicatos, férreos defensores del statu quo en las leyes de trabajo, aducen que queda demostrado que la reforma laboral no es necesaria para bajar el desempleo, tal como lo afirman empresarios, analistas y funcionarios.
La reforma tiene por objeto cambiar el sistema de indemnizaciones, eliminar contratos de trabajo temporario, el fin gradual de la renovación automática de convenios colectivos de trabajo y la descentralización de las negociaciones laborales.
Poco efecto
Según un último acuerdo entre la Confederación General del Trabajo y el Gobierno, que no fue aún convalidado por el Congreso, la reforma eliminaría la existencia de los "contratos basura", hecho que preocupa a los analistas ya que fue el rubro más dinámico en la creación de puestos de trabajo.
"Eliminar esos contratos es equivalente a bajar el ritmo de caída de desempleo ya que gracias a ellos y a la rebaja en los aportes patronales, los empresarios privilegiaron la incorporación de capital como sustituto de mano de obra", manifestó Aldo Abram, director de la consultora privada Proeco.
Algunos analistas señalan que la caída de la tasa de desempleo no necesariamente sería percibida por los argentinos pues se da a la par de una precarización del trabajo, una alta tasa de subempleo y un aumento del trabajo en negro, considerado el que no es informado a las autoridades.
"Según nuestros cálculos, el 30 por ciento del Gran Buenos Aires (el distrito más poblado de Argentina) sigue teniendo problemas laborales y subocupación", dijo Ricardo Rouvier, director de Ricardo Rouvier y Asociados con base en una encuesta efectuada recientemente por su consultora.