El Gobierno de Argentina buscaba ayer una rápida aprobación de su plan para desmantelar el histórico régimen de convertibilidad, mientras los temores de una subsecuente devaluación disparaban los precios y generaban desabastecimientos.
La incertidumbre se daba mientras el país entró en cesación de pagos.
Según asesores económicos del nuevo presidente, Eduardo Duhalde, con el proyecto se procura en una primera instancia modificar la paridad uno a uno que rigió entre el peso y el dólar desde 1991 para llevarla a 1,30 o 1,40, lo que significaría una devaluación del 28,5 por ciento.
El nuevo jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, confirmó que el proyecto se enviaría ayer al Congreso.
Pero el temor a dejar atrás una década de estabilidad monetaria ya provocó en pocas horas desabastecimiento de medicamentos y un aumento en los valores de los electrodomésticos de entre el 25 y el 40 por ciento.
La agencia Standard and Poors (S&P), en tanto, explicó ayer que la baja credibilidad del sistema financiero argentino ha reducido la probabilidad de que los bancos recuperen pronto su función de intermediarios financieros. Pueden convertirse solo en bancos de transacciones, según detalló.
La devaluación del peso argentino podría suponer un costo total para el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) y el Santander Central Hispano (BSCH) de $1.500 millones, señalan analistas.
No pagan
El Gobierno argentino oficializó ayer la decisión tomada por el país la semana pasada de suspender los pagos de su deuda externa, al incumplir con el servicio de $28 millones de una emisión de bonos denominada en liras.
"Estamos ya en default (cesación de pagos). No se pagó el bono", dijo una fuente del Gobierno que pidió no ser identificada.
Por su lado, la bolsa de Buenos Aires siguió en alza, con un aumento del 5,11 por ciento, disparándose más del 13 por ciento en dos sesiones. Reacomodó sus precios esperando la devaluación.
Luego de entrevistarse en Brasilia con el presidente Fernando Henrique Cardoso, el gobernador peronista de la provincia central de Córdoba, José Manuel de la Sota, confirmó que el sistema de cambio fijo tiene los días contados.
"Estamos saliendo de la convertibilidad y no tendremos ya un peso igual a un dólar, lo que era nuestra peor preocupación", señaló el funcionario.