por Gemma Casadevall
Berlín, 1 ma (EFE).- Un par de centenares de incontrolados perpetuaron el ritual violento del Primero de Mayo Revolucionario de Berlín y convirtieron en campo de batalla vandálica el multiétnico barrio de Kreuzberg, pese al gran despliegue de agentes antidisturbios y la voluntad mayoritaria de reivindicar en paz.
Lo que empezó con un desfile de varios miles de personas, con banderas rojas e iraquíes y consignas solidarias con guerrillas de los puntos más dispares del mundo, degeneró al caer la noche en disturbios, como ocurre desde 1987 cada Primero de Mayo en Kreuzberg, no importa la estrategia policial que se elija.
Los incontrolados dieron por terminada la pacífica fiesta en la calle, pasadas las 20.00, hora local, tras disolverse sin contratiempos las dos manifestaciones de "antifás" -autoproclamados antifascistas- y "autónomos" -anarquistas, punks y marginales-.
Una cincuentena de enmascarados la emprendieron con un primer automóvil, que voltearon y luego demolieron, e inmediatamente empezó la otra "fiesta" tradicional del barrio, la de los alborotadores.
Botellas, piedras y cohetes volaron en dirección a los vehículos policiales, que hasta entonces observaban a discreta distancia, y los antidisturbios respondieron en consecuencia: con cargas, gases lacrimógenos y cañones de agua a presión.
Quedó desbaratada, en cuestión de minutos, la ilusión de un Primero de Mayo reivindicativo, pero pacífico en la capital alemana.
Tal como ocurrió la madrugada anterior, la "Noche de Walpurgis", -que se saldó con un centenar de detenidos- alborotadores sin ideario político reconocible hicieron suya la calle.
Comerciantes y vecinos del barrio habían tratado de neutralizar las ansias de desahogo vandálico con una fiesta callejera, con tenderetes de todo tipo de comida y bebida y actuaciones de grupos alemanes, turcos, latinos y caribeños.
La marcha de los "antifá" había reunido menos manifestantes que en ocasiones anteriores -no llegaron a 4.000, según la policía-, lo que abrió las espectativas de una jornada también más tranquila.
Su desfile se inició con proclamas sobre la "hazaña" matinal, en que estorbaron, a gritos y silbatos, la marcha de mil neonazis del Partido Nacional Democrático (NPD), al otro extremo de la ciudad.
A última hora de la tarde, la columna de los "autónomos" había llegado también a Kreuzberg, procedente del centro de Berlín.
La confluencia de ambas columnas no alteró la fiesta. Pero al caer la noche, la constelación del barrio cambió: se retiraron las familias y empezaron los disturbios.
"Es lo de cada año: antifás desde aquí, autónomos desde allá, un montón de mirones y 'turistas de disturbios', mezclados con gente del barrio que sale a dar la bienvenida al sol de mayo...", explicaba a EFE Karsten Graefe, portavoz policial.
"La estrategia de este año es la de-escalación. No provocar, vigilar a distancia pero disgregar contundentemente a los violentos", añadió, antes de iniciarse los disturbios.
Graefe hablaba con tono resignado. Tal esquema no consiguió evitar la primera ráfaga de acciones vandálicas de la "Noche de Walpurgis", que tras dos horas de disturbios dejó la calle sembrada de cascos de botella hechos añicos y algún auto en llamas.
Desde 1987, en que un supermercado acabó reducido a cenizas, "la policía lo ha intentado: atajar de entrada, observar a distancia, presencia masiva, presencia discreta...", recuerda Graefe.
Hasta ahora, los resultados de una y otra opción han sido similares: contenedores en llamas, automóviles destrozados, etc.
Algunos sociológicos apuntan que, lejos de tratar de evitar los disturbios, hay que aceptarlos como son: una válvula de escape para asociales y marginales, que aguardan la confrontación anual con aguerridos antidisturbios, mientras cámaras de televisión nacionales y extranjeras les captan brincando sobre autos destrozados.
Para algunos de estos alborotadores, la consigna es "los disturbios son sexy".EFE
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