¿Qué criterio le merecen las metas de productividad agrícola fijadas por el Gobierno?
Ciertamente, el Gobierno, primero, establece unas metas exigentes, muy exigentes, lo cual nos parece conveniente. No se puede pretender ir a un plan nacional de desarrollo, que por cierto debe ser después complementado con un conjunto de políticas que el mismo plan lo dice, poniéndose metas suaves o livianas. Son exigentes para el sector y, particularmente, para cambios en la política agrícola dirigidos a estos nueve rubros prioritarios.
¿Cuáles otras cosas debe incluir un plan, aparte de la productividad como tal?
Estas metas de productividad vienen acompañadas y, eso es muy importante resaltarlo, con un aspecto que tiene que ver con la agregación de valor a nivel sectorial. Eso nos parece que es una ruta bastante, bastante, correcta, conforme a lo que está ocurriendo a escala internacional. El problema de Costa Rica, además de las bajas productividades, es que termina exportando commodities o productos alimentarios y frutas que tienen muy bajo nivel de agregamiento de valor local.
¿Se necesita algún otro elemento en la propuesta?
Sí, creemos que hay todo un aspecto que está relacionado con el tema de acceso a mercados, sobre todo de mercados internos, el cual, definitivamente, forma parte de ese trípode. Necesariamente, el Gobierno lo va a tener que impulsar vía la política. La productividad, en sí misma, no es un fin si no va acompañada con acceso a mercados y si esto no va junto con una línea de agregación de valor.
¿Esta es una apuesta solo del Gobierno?
Va a requerir, evidentemente, gran esfuerzo institucional, que no solamente pasa por el sector público, sino que más bien lo vemos viable en términos del compromiso que genere el sector privado.
