Lobito probó el polvo de nuevo, pero la caída, el dolor y hasta el enojo dejan ver que está de vuelta el atleta, el ambicioso, el competitivo, el que ya no hace ejercicio por terapia sino para vencer a sus rivales. Se le nota en la mirada, en el nudo en la garganta, en el brillo de los ojos. Excluido de Río 2016, cuando el Comité Olímpico se vio obligado a escoger el único representante de Costa Rica, Ernesto Fonseca muestra entre diálogo al ser humano y al guerrero.
