
Trujillo. Si el futbol se midiera solo por números, la participación de Costa Rica en su tercera Copa América no daría como para sentirse orgulloso: tres derrotas en cuatro partidos, solo tres goles a favor y ocho en contra.
Mas, en el deporte no todo son cifras. La incursión tica en el certamen de selecciones más antiguo del planeta da para hacer otras lecturas, menos acongojantes que el simple recuento de derrotas.
Los cuatro juegos en Perú le permitieron al nuevo entrenador, Jorge Luis Pinto, familiarizarse con el plantel, ensayar variantes tácticas y probar jugadores. Es decir, un laboratorio costoso por las derrotas, pero indispensable por lo apresurado de su nombramiento y porque la eliminatoria está a la vuelta de la esquina.
Esta Copa también le abrió al equipo algún crédito ante los aficionados, que habían perdido confianza tras la incertidumbre que dejó la era Sampson.
En todo momento, el entrenador Pinto destacó los progresos de la Tricolor. “Hay evolución, la Selección está avanzando”, insistió el estratega luego del partido ante Colombia que nos eliminó.
La delegación tica salió ayer de Trujillo, donde el sábado le dijo adiós a la Copa tras caer 2-0 ante los cafeteros en cuartos de final.
El grupo salió del hotel Gran Marqués a las 8 a. m., rumbo a Lima. Anoche pernoctaron en Bogotá, Colombia, y hoy lunes arribarán al país.
Objetivos
Previamente al torneo, el estratega tricolor trazó muy claros sus objetivos, en orden de importancia: foguearse de cara a las eliminatorias, ser un equipo competitivo y ganarle a las potencias.
Acerca del primero, solo dentro de un mes estaremos en capacidad de saber si se cumplió.
Es decir, si esta fase de prueba y error podrá traducirse en un proyecto consolidado cuando se reanude el camino hacia Alemania 2006.
El segundo objetivo, ser competitivos, se cumplió a medias. La Tricolor avanzó a cuartos de final gracias al gol in extremis de Andy Herron ante Chile, que fue útil solo por el tecnicismo de los mejores terceros lugares.
En otras competencias, como un Mundial o una Olimpiada, ser tercero del grupo de nada habría valido, más allá de lo dulce de dejar tendido al rival en el último minuto.
El tercer derrotero, ganarle a las potencias, quedará para otra mejor ocasión. El pentacampeón, Brasil, nos aplastó con solo 45 minutos de futbol, y Colombia, un grande venido a menos, también nos mandó a la lona.