
Un estudio científico del Instituto Butantan, en Brasil, identificó moléculas en el veneno del sapo-cururu amazónico (Rhaebo guttatus) con potencial para combatir bacterias. El hallazgo abre una vía para el desarrollo de nuevos antibióticos, en un contexto global marcado por la resistencia antimicrobiana.
La investigación se publicó en la revista científica Toxicon. El trabajo contó con la colaboración de especialistas de la Escuela Paulista de Medicina de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) y del Centro de Estudios en Biomoléculas Aplicadas a la Salud de la Fiocruz en Rondônia, entidad que facilitó las muestras del veneno.
El biomédico Daniel Pimenta, coordinador del estudio e investigador del Laboratorio de Ecología y Evolución del Butantan, señaló que la búsqueda de compuestos antibióticos en la naturaleza es una estrategia relevante frente al avance de bacterias resistentes. La investigación se desarrolló en el Laboratorio de Bioquímica del Instituto Butantan, donde el científico trabajó durante casi 20 años.
Veneno con funciones de defensa
En los sapos, el veneno se almacena en glándulas ubicadas en la piel. Este sistema funciona como un escudo natural. Protege al animal contra depredadores y contra microorganismos presentes en el ambiente como virus, bacterias y hongos.
Debido a esa función doble, la secreción cutánea de los anfibios contiene diversas moléculas con efectos biológicos. Entre ellos se encuentran compuestos con actividad antibacteriana y antiviral.
Los científicos identificaron varios péptidos, fragmentos de proteínas, que mostraron posible acción antimicrobiana. El análisis se realizó mediante estudios in silico, es decir, con herramientas computacionales que permiten prever la función biológica de las moléculas.
Hallazgo inesperado en el veneno
El análisis también reveló un resultado inesperado. Los investigadores detectaron la presencia de BASP1, una proteína que no se había identificado antes en venenos de anuros, el grupo que incluye sapos, ranas y pererecas.
Esta proteína suele aparecer en el sistema nervioso de humanos y animales. Los científicos plantearon la hipótesis de que BASP1 podría participar en la contracción y regeneración de la glándula cutánea después de la liberación del veneno, proceso que genera una reacción inflamatoria natural.
Además, el estudio detectó proteínas vinculadas con la contracción muscular, el estrés oxidativo y la inmunidad del sapo-cururu.
Los investigadores indicaron que estos estudios también aportan información sobre la biología básica de la especie, su mecanismo de defensa y las sustancias que produce.
Cómo analizaron el veneno
El veneno de este anfibio contiene cientos de moléculas diferentes. Los científicos centraron el análisis en identificar únicamente las proteínas mediante un método llamado proteómica.
El primer paso consistió en transformar la secreción viscosa y amarillenta del veneno en una solución homogénea para facilitar su procesamiento en laboratorio.
Luego se aplicó cromatografía líquida, técnica que separa los componentes del veneno. Las fracciones obtenidas se introdujeron en un espectrómetro de masas, equipo que analiza cada molécula de forma individual.
El dispositivo genera una especie de “fotografía molecular” que permite identificar las sustancias presentes en la muestra.
Similitudes con otros sapos cururu
Los resultados también revelaron que el veneno del sapo amazónico comparte muchas características con el de otras especies de cururu.
Entre ellas destacan el Rhinella icterica, que vive en el sudeste de Brasil, y Rhinella marina, especie introducida en Australia.
Los sapos conocidos como cururu son originarios de América del Sur. Algunas especies se introdujeron en países de Asia y en Estados Unidos con el objetivo de controlar plagas agrícolas.
Un sapo capaz de “escupir” veneno
Investigaciones previas con el Rhaebo guttatus, realizadas en 2011 en colaboración con el científico Carlos Jared, director del Laboratorio de Biología Estructural y Funcional del Butantan, revelaron un comportamiento defensivo poco conocido.
El estudio demostró que el sapo amazónico puede eyectar veneno cuando se siente amenazado. La secreción sale de glándulas ubicadas detrás de los ojos.
El hallazgo, publicado en la revista Amphibia-Reptilia, representó la primera descripción científica de este comportamiento.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
