Washington. DPA y AP. Las vacas se orientan para comer y dormir con inusual frecuencia en dirección norte-sur, lo que pone de manifiesto un “sentido magnético” hasta ahora desconocido, informaron ayer investigadores de la Universidad de Duisburg-Essen, en Alemania.
“Las causas de este comportamiento nos resultan todavía completamente desconocidas”, dijo la investigadora alemana Sabine Begall, aunque mencionó que se puede suponer la influencia del campo magnético terrestre en los procesos fisiológicos de los animales; por ejemplo, en la producción de leche.
De acuerdo con un artículo publicado en la revista científica Proceedings, de la Academia estadounidense de Ciencias, los expertos del equipo de Begall repararon en el fenómeno a partir de fotos satelitales que sacaron de Google Earth.
Analizaron 308 tomas de campos de pastoreo en todo el mundo donde se ven 8.510 bovinos. En el estudio, entre un 60% y un 70% del ganado estaba orientado norte-sur, lo que Begall describió como una gran desviación frente a una distribución al azar.
Su descubrimiento ocurre con ganado de cualquier continente.
La influencia del viento y el sol puede descartarse completamente como causa de esta llamativa conducta bovina. “Si el sol fuera la causa, su orientación se habría modificado con el avance del día”, argumentó la científica.
Conocido. En los pájaros, los efectos del magnetismo ya se han estudiado. El sentido magnético está también comprobado en el caso de diversos roedores y de una especie de murciélago.
Además, según experimentos de los científicos de Essen, se orienta según el campo magnético el cuis gris africano, que tiene el tamaño de un hámster.
“Después de estos resultados tenemos la idea de investigar el sentido del magnetismo también en mamíferos mayores”, contó Begall. Los resultados a los que se llegó por ahora son “muy significativos”, según la investigadora.
Los científicos creen que el sentido del magnetismo se ubica en el ojo, justo en la córnea. Por ahora, no hay indicios que permitan determinar si ese sentido también lo poseen las personas.
“Este es un descubrimiento sorprendente. Nada como esto se ha observado nunca en rebaños o en cualquier animal grande”, comentó Kenneth Lohmann, del departamento de Biología de la Universidad de Carolina del Norte.