Las situaciones de estrés emocional, como la muerte de un ser querido, el pánico a hablar en público, un asalto o un accidente de tránsito, pueden causar una grave -pero reversible- disfunción cardíaca en personas sin previos problemas del corazón, según un estudio publicado por la revista New England Journal of Medicine.
El estudio, encabezado por Ilan Wittstein, de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, en Baltimore, Estados Unidos, da crédito científico a la sabiduría popular que señala que las penas, y a veces las alegrías extremas, pueden "partir el corazón".
Bautizado científicamente como estrés cardiomiopático, pero llamado con cariño el síndrome del corazón partido, quienes lo padecen experimentan síntomas similares a las de un infarto cardíaco: dolor en el pecho, presencia de líquido en los pulmones, dificultad para respirar y fallo cardíaco.
Sin embargo, el cuadro cardíaco está suscitado por una presencia elevada de hormonas -como la adrenalina y la noradrenalina-, que el sistema nervioso libera al torrente sanguíneo cuando se está en una situación de estrés.
El exceso de estas sustancias puede resultar temporalmente tóxico para el corazón, dañando el músculo del órgano.
Los investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar los casos de 19 pacientes, atendidos en el Hospital Johns Hopkins entre 1999 y el 2003, que presentaban síntomas de un ataque cardíaco, pero luego, resultó no ser un infarto.
Tras comparar sus historias clínicas con las de otros pacientes que sí sufrieron el infarto, encontraron que quienes presentaron el síndrome del corazón partido tenían una concentración duplicada o triplicada de las hormonas del estrés.
Ilan Wittstein sospecha que el síndrome del corazón partido es bastante común, pero ha sido subdiagnosticado por desconocerse su existencia. El siguiente paso en este estudio es determinar si existe un factor genético que predisponga a la persona a sufrir este síndrome.