
En medio de un cielo despejado, a eso de las 12:45 p. m. de ayer, el avión WB-57 de la NASA asomó su nariz por la pista de aterrizaje del aeropuerto Juan Santamaría, en Alajuela.
Tras más de cuatro horas de vuelo sobre el territorio costarricense -despegó a las 8:05 a. m.- , la nave, que funciona como laboratorio en el aire, estaba lista para regresar a tierra.
A bordo, además del piloto Rick Hull y su copiloto Dominic del Rosso, venían imágenes -digitales y en película- y estudios multiespectrales de algunas zonas de la península de Nicoya, en Guanacaste.
El de ayer fue uno de los más de 40 vuelos, que a lo largo de seis semanas, realizará este avión sobre el territorio costarricense. La campaña aérea se enmarca en la Misión CARTA 2005, un proyecto científico nacional que pretende obtener datos detallados de cada centímetro del suelo que abarca nuestro país.
La misión es una continuación de su homónima, desarrollada en el 2003; pero varía en un aspecto importante: los vuelos se desarrollan a 25.000 pies de altura (7 kilómetros) y no a 40.000 pies (12 kilómetros), como en el 2003. Esta proximidad con el suelo, permitirá la obtención de datos aún más específicos del territorio.
La información recolectada servirá para nutrir una variedad de estudios científicos, proporcionar datos técnicos sobre el terreno a instituciones públicas del país y brindar fotos aéreas, en la escala 1:25.000 -que se usa en los mapas-.
Las gráficas serán la materia prima para realizar un nuevo sistema de catastro en el país.
CARTA 2005 es coordinada por el Centro Nacional de Alta Tecnología (CENAT) y cuenta con apoyo económico y logístico de la NASA, la fundación CR-USA y el Programa de Regularización del Catastro, entre otras entidades.
Ojos en el cielo. El WB-57 lleva en cada uno de sus vuelos cuatro herramientas que recogen información del territorio tico.
Se trata de cuatro instrumentos que han sido utilizados en misiones similares, pero nunca en combinación, por lo que resulta un interesante experimento para la NASA; señaló Gary Sheldon, miembro del equipo técnico que acompaña los instrumentos de esa agencia científica estadounidense.
Dos de esas herramientas son cámaras fotográficas. La DCS, recoge imágenes digitales, de la misma calidad de las logradas en la misión del 2003.
La cámara RC-30 registra las imágenes en película fotográfica, con la precisión necesaria para poder desarrollar mapas de gran exactitud a partir de ellas.
Las otras herramientas son sensores multiespectrales, otro tipo de cámara que recoge, en cada foto, decenas de bandas o capas. En cada una de estas capas se puede leer un atributo diferente del suelo, como vegetación, cuencas hidrográficas, temperatura del área, etcétera.
El MASTER, que fue utilizado en el 2003, es capaz de leer 50 bandas multiespectrales -cada foto tiene 50 capas de datos-. La HyMap, es un sensor más moderno, que recoge información en 128 bandas diferentes.
De las alturas a la ciencia. Los datos recolectados por esta campaña de vuelos nutrirán a unos 65 estudios científicos.
Algunos de ellos son sobre la calidad y cantidad de nuestros bosques, otros se encargan de estudiar rutas precolombinas. También se estudiarán los riesgos de deslizamientos de tierras y se desarrollarán estudios piroclásticos: modelos de hacia dónde se movería la nube de gases de un volcán en erupción.
La misión, que tiene un costo de $4 millones, es una de las iniciativas científicas más grandes desarrolladas en el país.
Unas 35 personas acompañan al avión en la misión. Son los encargados de calibrar los instrumentos y procesar la información que ellos recogen.
El equipo se encuentra cada mañana a las 5 a. m., para preparar la salida del vuelo. El día de trabajo culmina a las 2:30 p. m.
El físico costarricense Jorge Andrés Díaz es el director científico del proyecto.