
Salir en excursión para observar ballenas o delfines implica mucho más que abrir bien los ojos y llevar una cámara con varios lentes.
El turismo alrededor de esos mamíferos requiere de un reglamento o, al menos, un código de conducta para no afectarlos.
Autoridades de los Ministerios de Ambiente de Centroamérica recibieron capacitación con expertos internacionales sobre el manejo de esa actividad turística.
"Esa actividad genera recursos importantes para las comunidades, pero debe contemplar el bienestar de los animales, reduciendo al máximo el impacto sobre ellos", dijo el argentino Miguel Iñíguez, de la Fundación Cethus y Whale Dolphin Conservation Society.
¿Cómo diseñar un programa responsable? Indicó que lo primero es establecer reglamentos básicos, como cantidad de embarcaciones por número de animales, capacidad de pasajeros y reglas de navegación, entre otros aspectos.
Ese reglamento, o el código de conducta, debe ir acompañado de un programa de educación -tanto de quienes proporcionan el servicio como de los turistas- y de un plan de investigación y conservación que, por ejemplo, mida si la actividad afecta a las especies.
Aquí. En Costa Rica es posible encontrar ballenas y delfines en ambas costas. A la península de Osa, por ejemplo, arriban ballenas orcas y jorobadas, entre otras.
Actualmente no hay un reglamento que regule esa actividad, aunque el Ministerio del Ambiente y Energía tiene propuestas de organizaciones no gubernamentales.
El taller sobre cetáceos se realizó del lunes al miércoles anterior y fue organizado por la Fundación Cethus, el Fondo Mundial para la Naturaleza y la Sociedad Mundial Protectora de los Animales.