
La nutria gigante volvió a nadar libre en Argentina después de casi 40 años sin poblaciones reproductivas registradas. El regreso de este depredador acuático a los Esteros del Iberá se convirtió en uno de los proyectos de restauración ecológica más ambiciosos de Sudamérica.
La especie, también conocida como ariraí o lobo gargantilla (Pteronura brasiliensis), había desaparecido del país por la caza comercial, la pérdida de hábitat y los conflictos con humanos. En 2025, una familia compuesta por dos adultos y dos crías nacidas en cautiverio fue liberada en el Gran Parque Iberá, en Corrientes, según informó la Fundación Rewilding Argentina.
La organización calificó la liberación como “la primera vez que se reintroduce” un mamífero extinto localmente en Argentina. Sebastián Di Martino, director de Conservación de Rewilding Argentina, afirmó en el comunicado de 2025 que los últimos grupos familiares registrados en el país habían sido observados en 1986.
El proyecto involucra a gobiernos provinciales, la Administración de Parques Nacionales, zoológicos europeos y organizaciones de conservación de Brasil y Estados Unidos. La familia liberada está integrada por Nima, una hembra proveniente del Zoológico de Madrid; Coco, llegado desde Dinamarca; y dos crías nacidas en Iberá en noviembre de 2024.
La nutria gigante es considerada el mayor carnívoro acuático de Sudamérica y la nutria más grande del mundo. Los machos pueden alcanzar 1,8 metros y pesar hasta 33 kilos. Además de su tamaño, ocupa un lugar clave en los humedales: consume entre dos y tres kilos de peces al día y regula las poblaciones acuáticas.
Ese rol ecológico explica parte del interés detrás de su regreso. Como depredador tope, ayuda a mantener el equilibrio de las cadenas tróficas y la salud de los sistemas hídricos.
La desaparición de la especie en Argentina estuvo ligada principalmente a la caza peletera hasta finales de los años setenta. Sus pieles eran altamente valoradas para la fabricación de prendas y también existían conflictos con pescadores y ataques de perros de caza. A eso se sumaron la contaminación, las represas y la degradación de los cursos de agua.
El regreso ocurre en un contexto distinto. El Gran Parque Iberá reúne más de 756.000 hectáreas protegidas y forma parte de una estrategia de “reasilvestramiento” impulsada por Rewilding Argentina. El modelo busca restaurar ecosistemas mediante la reintroducción de especies desaparecidas y desarrollar economías ligadas al turismo de naturaleza.
Una nota publicada en 2026 por el medio argentino El Iberá señala que la iniciativa demandó más de ocho años de trabajo técnico y cooperación internacional. El proceso incluyó cuarentenas sanitarias, entrenamiento de pesca con peces vivos, corrales de presuelta y monitoreo científico mediante telemetría y estudios de ADN ambiental.
Los animales fueron preparados para sobrevivir fuera del cautiverio. Según el proyecto, el desafío no era solo liberar ejemplares, sino lograr que pudieran formar grupos familiares, pescar y adaptarse al ecosistema de manera autónoma.
El plan no se limita a Corrientes. En el Parque Nacional El Impenetrable, en Chaco, el hallazgo inesperado de un macho silvestre bautizado como “Teuco” abrió otra estrategia de conservación. El objetivo allí es atraer una hembra para establecer una nueva población reproductiva en un sitio donde no había registros de la especie desde hacía más de un siglo.
El proyecto también reforzó el perfil internacional de Iberá como destino de ecoturismo. En los últimos años, el parque se convirtió en escenario de reintroducciones de yaguaretés, osos hormigueros gigantes y guacamayos rojos.
