
El telescopio espacial Hubble, de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), captó un evento poco común: la fragmentación del cometa C/2025 K1 (ATLAS) en al menos cuatro partes. El fenómeno ocurrió poco después de su paso más cercano al Sol, en una observación que los científicos calificaron como extremadamente improbable.
El cometa, conocido como K1, acababa de alcanzar el perihelio. Este punto marca su máxima cercanía al Sol. Tras ese momento, el objeto inició su salida del sistema solar. Días antes, se mantenía intacto. Sin embargo, durante la observación, el Hubble registró su ruptura en varios fragmentos.
La ESA indicó que la probabilidad de observar este evento en tiempo real resultó extraordinariamente baja. El cometa ni siquiera era el objetivo original del estudio. El equipo lo eligió como alternativa debido a limitaciones técnicas con el objeto inicial.
El coinvestigador John Noonan, de la Universidad de Auburn, explicó que el equipo detectó la fragmentación al analizar las imágenes un día después. En lugar de un solo cometa, observaron cuatro estructuras con características propias. Esto confirmó que se trataba de un evento inusual.
El investigador principal Dennis Bodewits señaló que el hallazgo resultó irónico. El equipo buscó durante años captar la desintegración de un cometa sin éxito. En este caso, el fenómeno ocurrió mientras estudiaban un objeto común.
Los cometas son restos de la formación del sistema solar. Contienen materiales antiguos. No obstante, estos cuerpos han sufrido cambios por radiación y calor. La fragmentación permite observar su interior. Esto ayuda a entender si su composición es original o resultado de procesos posteriores.
El Hubble identificó al menos cuatro fragmentos. Cada uno presentó una coma, una nube de gas y polvo alrededor del núcleo. Desde la Tierra, estos fragmentos solo se percibían como manchas débiles.
Las imágenes se tomaron entre el 8 y el 10 de noviembre de 2025. El telescopio realizó exposiciones de 20 segundos por día. Durante ese periodo, uno de los fragmentos más pequeños también se desintegró.
Los científicos estimaron que el cometa comenzó a romperse ocho días antes de la observación. Antes de fragmentarse, K1 tenía un tamaño cercano a 8 kilómetros de diámetro, ligeramente superior al promedio.
El análisis reveló un misterio. Existió un retraso entre la fragmentación y el aumento de brillo visible desde la Tierra. El equipo planteó varias hipótesis. Una sugiere la formación de una capa de polvo sobre el hielo. Otra apunta a la acumulación de calor bajo la superficie, seguida de una expulsión de material.
El Hubble logró reconstruir la cronología del evento gracias a su alta resolución. Esta capacidad permitió rastrear el origen de los fragmentos hasta cuando formaban un solo cuerpo.
Los investigadores destacaron que nunca antes el Hubble captó una fragmentación tan cercana al momento exacto del evento. En casos anteriores, las observaciones ocurrían semanas después.
El cometa K1 ahora se ubica a unos 400 millones de kilómetros de la Tierra, en la constelación de Piscis. Se dirige fuera del sistema solar y no regresará.
Estudios preliminares desde la Tierra muestran una composición química inusual, con menor presencia de carbono respecto a otros cometas. Los instrumentos del Hubble continuarán el análisis para profundizar en estos datos.
Los científicos también observan que los cometas de largo período, como K1, tienen mayor tendencia a fragmentarse. Sin embargo, la causa aún no está clara.
La misión Comet Interceptor de la ESA, prevista para finales de la década, buscará estudiar este tipo de objetos. Los datos obtenidos por el Hubble servirán para comprender mejor estos fenómenos y definir futuros objetivos.
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