
El rechazo social intenso no solo se siente como una metáfora del dolor físico. También se procesa en el cerebro de forma similar. Así lo concluye un estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que analizó la actividad cerebral de personas que atravesaban una ruptura amorosa reciente y no deseada.
La investigación examinó cómo responde el cerebro ante el rechazo social y el dolor físico cuando ambas experiencias son comparables en intensidad. Para ello, los científicos trabajaron con 40 personas que habían terminado una relación sentimental de manera reciente y reportaban sentirse intensamente rechazadas.
Durante el experimento, los participantes se sometieron a resonancias magnéticas funcionales mientras realizaban dos tareas distintas. En una, relacionada con el rechazo social, observaron fotografías de su expareja y pensaron en la experiencia de la ruptura. En otra, vinculada al dolor físico, recibieron estímulos térmicos dolorosos en el antebrazo. En ambos casos, también hubo condiciones de control: ver fotos de una amistad cercana y recibir calor no doloroso.
Los participantes calificaron el malestar que sentían tras cada estímulo. Los resultados mostraron que el nivel de angustia reportado ante el rechazo social fue equivalente al provocado por el dolor físico. Esta equivalencia permitió comparar directamente ambas experiencias en el cerebro.
Las imágenes cerebrales revelaron que tanto el rechazo social como el dolor físico activaron regiones ya conocidas por su vínculo con el componente emocional del dolor, como la corteza cingulada anterior dorsal y la ínsula anterior. Sin embargo, el hallazgo central fue otro: también se activaron áreas relacionadas con el procesamiento sensorial del dolor físico.
Entre esas regiones destacan la corteza somatosensorial secundaria y la ínsula posterior dorsal, zonas que suelen responder a estímulos corporales dolorosos. Según el estudio, estas áreas mostraron una activación superpuesta cuando las personas recordaban el rechazo de su expareja y cuando experimentaban dolor térmico.
Para comprobar la especificidad de estas regiones, los investigadores compararon sus resultados con una base de datos de más de 500 estudios previos sobre dolor físico. Encontraron que la activación de la corteza somatosensorial secundaria y la ínsula posterior dorsal es altamente característica del dolor corporal, con valores predictivos que alcanzan hasta un 88%.
La metodología incluyó además análisis adicionales que tomaron en cuenta variables como el sexo, el autoestima, la sensibilidad al rechazo y la duración de las relaciones personales. Estos factores no alteraron de forma sustantiva los resultados.
Los autores señalan que investigaciones anteriores habían observado coincidencias cerebrales entre el rechazo social y el dolor físico solo en regiones asociadas al malestar emocional. Este estudio amplía ese panorama al mostrar que, cuando el rechazo es lo suficientemente intenso, también compromete los sistemas cerebrales que representan el dolor corporal.