Cien familias dejarán sus ranchos esta semana para pasar la Navidad y darle la bienvenida al 2010 en sus nuevas casas. Cerca de 300 voluntarios de la organización “Un techo para mi país” construyen esta semana viviendas temporales para personas en extrema pobreza de Limón, Puntarenas y San José.
Todos los beneficiarios participan activamente en la construcción de sus casas.
Uno de ellos es José Manuel Araya, vecino del precario Barrio Nuevo, en Zapote, San José. Durante dos días, este joven se dedicó a serruchar la madera para el techo de su casa y de diez familias vecinas.
“Me siento muy feliz de hacer esto. Si uno trabaja de lleno en la construcción de su casa, uno siente que es más de uno. Es importante ayudar, pues hay mucha gente que nos ha ayudado mucho”, comentó.
Mientras este joven construía su casa, Grechin Lacayo, otra de los beneficiarios, preparaba los almuerzos de los voluntarios.
“Por una enfermedad no puedo levantar mucho peso, pero ayudo en lo que puedo. Yo necesito una casita porque se me mete mucho el agua cuando llueve. Estoy muy contenta porque voy a tener casita para Navidad”, comentó Lacayo.
La construcción. El proyecto comenzó hace cuatro meses. Varios voluntarios de “Un techo para mi país” visitaron los lugares donde están trabajando, y realizaron encuestas para determinar qué familias necesitaban más estas casas. Luego de varias inspecciones, seleccionaron a 100 familias.
“Queríamos que la ayuda llegara a las personas que realmente lo necesitan. El trabajo no podía hacerse a la ligera, había que investigar cuáles personas se merecían estas casas”, manifestó Patricio Morera, director ejecutivo de “Un techo para mi país”.
El viernes pasado, 300 jóvenes comenzaron la construcción de las 100 casas prefabricadas. Estos estudiantes universitarios colocan el suelo, el techo y seis paredes. Después, los dueños de las viviendas se encargan de la instalación eléctrica y de los baños.
La construcción de cada casa dura alrededor de dos días y medio. Ayer por la tarde se entregaron las primeras.
Sin embargo, estas viviendas son solo provisionales. Su vida útil es de diez a 15 años, si la familia le da el mantenimiento correcto. Sin embargo, la idea es que esto sirva de impulso para que las familias busquen una vivienda definitiva.
“Nosotros les damos el primer empujón. Esperamos con esto motivarlos a seguir trabajando por su hogar”, dijo Morera.
Cada familia paga ¢50.000 por la construcción de su casa, un valor simbólico que representa poco menos del 10% de su valor.
