9 septiembre, 2011

Más allá de las fiestas, juegos y regalos que puedan recibir los niños hoy en su día, son ellos quienes con sus risas, preguntas e inocencia ofrecen a quienes conviven con ellos el mejor de los regalos: un poco más de felicidad.

Que los niños les alegran la vida a las personas es algo que se dice frecuentemente. Sin embargo, un estudio que hizo la Universidad de Glasgow, Escocia, se dio a la tarea de estudiar científicamente esa contribución en el bienestar de sus padres, abuelos, hermanos mayores y amigos.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores tomaron en cuenta aproximadamente 10.000 hogares donde había menores de 12 años. Entrevistaron a 112.000 personas entre padres, abuelos, tíos y hermanos.

A cada uno de ellos se les preguntó por los niveles de satisfacción de sus vidas y cuáles eran los componentes que la hacían más feliz. También, sobre el papel que desempeñan los niños en su vida.

Fue así como los científicos encontraron que las personas reconocen que la crianza de los pequeños implica muchas tareas que no son tan agradables, como cambiar pañales, escuchar llantos constantemente, responder continuamente preguntas o preparar comida especial y visitar al médico seguido.

Pero hay una contrapartida: padres, abuelos, tíos y hermanos coinciden en que sus vidas se llenan de felicidad cuando, por ejemplo, el menor dice su primera palabra, da el primer paso, empieza a reírse o principia la escuela.

Cambio de vida. Aunque el estudio se hizo en Escocia, sus resultados parecen extrapolarse a otros países allende Gran Bretaña.

La costarricense Ángela Hurtado , quien es madre de una niña de año y siete meses, está convencida de que su hija Jazmín le cambió la vida para bien.

“Es muy satisfactorio. Saber que uno es tan importante para el desarrollo de ellos y verlos crecer da muchas satisfacciones”, puntualizó. “Yo ya no me imagino sin ser mamá; no me imagino lo que hacía antes de ella”.

Para la psicóloga nacional Patricia Odio, los niños constituyen una fuente de motivación para los adultos. Sin embargo, lanza una advertencia: no deben considerarse el eje de la felicidad, sino un complemento de ella.

“Los hijos dan una chispa y alegría importante, cada conducta o gesto nos remite a nuestra propia infancia; su sinceridad y trasparencia nos recuerdan la inocencia pura y, definitivamente, nos sacan de la rutina.

”Eso son los niños; para las parejas muchas veces ellos se convierten en ese motor que les ayudan a levantarse cada día y luchar por darles un mejor futuro, y convertirlos en hombres y mujeres de bien”, resumió la profesional.