
Es una enfermedad difícil. Las fluctuaciones en el comportamiento de las personas que la padecen hacen que se dificulte su detección, sea complejo entender su genética, y dar un tratamiento farmacológico que compense el estado de ánimo.
Así es el trastorno bipolar, una enfermedad cuya forma más común (trastorno bipolar tipo I) se caracteriza por periodos alternados de manía (euforia) y depresión.
Las diferentes manifestaciones y la falta de comprensión del funcionamiento del cerebro hacen que esta enfermedad sea blanco de prejuicios y de ignorancia.
La revista médica The Lancet publicó ayer una edición especial con tres estudios sobre la genética, el diagnóstico y el tratamiento de este mal.
La edición se completa con un editorial y dos comentarios que dibujan la realidad mundial de este trastorno con el cual convive el 1% de la población mundial.
“El trastorno bipolar no puede verse como un mal monolítico cuyo candado puede abrirse con una sola llave. Consiste en muchas carreras, cada una con su propio set de campeones”, afirma el editorial.
“Esto se aplica no solo para efectos del tratamiento, sino de las intervenciones sociales y psicológicas. Se necesita el soporte de enfermeros, trabajadores sociales, psiquiatras, psicólogos y cualquier otro tipo de profesional en la salud”, añade el documento.
La edición de la revista se preocupa no solo por la parte científica de este trastorno; también se refiere a que el paciente es una persona integral que sufre y necesita recibir apoyo.
“Los episodios de manía y de depresión no deben verse como etapas para arrepentirse y olvidar: son, para bien o para mal, parte de la vida de una persona. El trastorno bipolar no trata solo de emociones extremas, sino del individuo que existe en esos extremos y en el medio de estos”, cita el comentario de la edición, firmado por varios especialistas en salud mental.
En Costa Rica. En nuestro país, aún no se sabe cuántas personas padecen este trastorno, pero si se toman en cuenta las estadísticas mundiales (1%), podría hablarse de unos 4.500 ticos con trastorno bipolar.
Para Javier Contreras, psiquiatra especialista en esta enfermedad, con más de una década estudiando su genética, aún es necesario un estudio para saber cuántos pacientes hay y así tomar mejores decisiones en materia de salud pública.
Uno de los principales retos es afinar el diagnóstico. Por eso, se han dedicado recursos para buscar otros factores que lo expliquen mejor, como la ansiedad. Un estudio previo de Contreras, encontró que el trastorno bipolar y el de ansiedad tienen un tronco genético común.
“La ansiedad es un componente muy fuerte del trastorno bipolar, y también está muy presente en familiares muy cercanos. Los hijos o hermanos de personas con el trastorno presentan más ansiedad que las personas que no tienen familiares con este mal”, dijo Contreras.
