Irene Rodríguez. 31 julio
Compartir con personas de todas las edades ayuda a mejorar la calidad de vida de los adultos mayores que sufren algún grado de demencia. Imagen con fines ilustrativos. Fotografía: freeimages.com
Compartir con personas de todas las edades ayuda a mejorar la calidad de vida de los adultos mayores que sufren algún grado de demencia. Imagen con fines ilustrativos. Fotografía: freeimages.com

Interactuar con otras personas, no importa su edad, durante tan solo diez minutos al día, mejora la calidad de vida de los adultos mayores que tienen algún tipo de demencia o deterioro cognitivo.

Estas son las conclusiones de un estudio de la Universidad de Exeter, el King’s College, y el Instituto para la Excelencia del Cuidado Social, ambos en Reino Unido. El reporte fue presentado este martes en la reunión anual de la Asociación Alzhéimer Internacional, que se celebra esta semana en Chicago, Estados Unidos.

Quienes más sufren la indiferencia o se les brinda poca atención debido a su padecimiento son las personas que viven en asilos o casas de retiro, donde la interacción puede limitarse, si acaso, a dos minutos diarios.

“Los cuidadores de un asilo trabajan en medio de muchísima presión, muchas veces el personal no es suficiente. Es un ambiente muy duro para quienes tienen demencia pero también para los trabajadores. Por eso proponemos un manejo que no se base tanto en tareas como en interacción”, señaló Joanne McDermid, investigadora del King’s College.

Clive Ballard, de la Universidad de Exeter e investigador principal añadió: “imagínese su vida con solo dos minutos de interacción con otro ser humano durante el día. Hacerles esto a quienes sufren demencia es discriminarlas. Necesitamos mejorar urgentemente”.

Mal complejo y cada vez más común

La demencia es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una “sombrilla” de enfermedades progresivas. Se trata de un síndrome, usualmente crónico, causado por una variedad de problemas en el cerebro que afectan la memoria, la comprensión, el pensamiento y la habilidad para realizar actividades cotidianas.

La forma más común de demencia es el alzhéimer (representa el 70% de los casos), pero existen otros tipos, como la demencia vascular, que se da por la llegada de poco flujo sanguíneo al cerebro y esto va “apagando” las funciones cerebrales. Los accidentes cardiovasculares (conocidos como derrames cerebrales) también pueden ser causa de demencia.

¿Cómo saber si alguien sufre demencia? Algunas señales podrían ser: dificultad para realizar las tareas cotidianas, confusión en ambientes y lugares que le son (o deberían serle) familiares, problemas para recordar o expresarse con palabras o números, pérdida de la memoria y cambios en el comportamiento.

Actualmente, la OMS calcula que unas 50 millones de personas en el mundo tienen algún tipo de demencia en diferentes niveles de evolución.

La investigación

Para este estudio, los investigadores tomaron en cuenta a 280 personas con distintos tipos de demencia que viven en 24 asilos u hogares para ancianos y otros 150 que vivían con algún familiar. Los científicos dieron seguimiento a la interacción social que tenía cada adulto mayor durante nueve meses.

A los cuidadores se les pidió dedicarles diez minutos a cada paciente. Los resultados mostraron que las personas con demencia tenían mejor humor, se alimentaban mejor y dormían mejor cuando se les dedicaba atención exclusiva durante ese tiempo. La atención podía venir de un cuidador o de un familiar de cualquier edad.

“En ocasiones, quienes interactúan con personas con demencia piensan que el trastorno los lleva a ni siquiera percatarse de que hay alguien con ellos, pero la realidad es muy distinta”, expresó McDermid.

Las interacciones, de acuerdo con los investigadores, no tienen por qué ser muy complejas. El tipo de interacción dependerá de cuán avanzado esté el deterioro cognitivo, pero puede ir desde entablar conversaciones con el adulto mayor, preguntarle por su vida, por sus recuerdos, dejarle tomar decisiones sobre la ropa que quiere usar o simplemente que sienta la compañía y escuche una voz.

“Al fin y al cabo, nadie quiere estar solo, no podemos aislar a estas personas, ellos necesitan nuestra empatía y el sentirnos cerca”, destacó Ballard.