
La demencia podría duplicar su impacto en el mundo durante los próximos 25 años. Aunque la genética influye en muchos diagnósticos, un nuevo estudio científico señaló que una proporción relevante de los casos se relaciona con factores ligados al estilo de vida, los cuales pueden modificarse.
Una investigación liderada por la Universidad de Lund, en Suecia, estimó que 45% de los casos de demencia se asocian a factores de riesgo potencialmente modificables. El análisis se centró en las dos formas más frecuentes de la enfermedad: alzhéimer y demencia vascular.
El equipo científico evaluó 17 factores de riesgo, tanto fijos como variables, en 494 personas residentes en Suecia. Entre los factores inmutables figuraron la edad, el sexo y la genética. En el grupo modificable se incluyeron el consumo de alcohol, el tabaquismo, la actividad física, la presión arterial, el diabetes y el nivel educativo.
Los investigadores estudiaron cómo cada factor influyó en áreas y proteínas clave del cerebro relacionadas con el deterioro cognitivo. El análisis se enfocó en tres marcadores principales: hiperintensidades de la sustancia blanca, beta-amiloide y proteína tau.
Las hiperintensidades de la sustancia blanca corresponden a zonas dañadas del cerebro. Estas lesiones aparecen con mayor frecuencia en personas mayores y en quienes presentan hipertensión, diabetes o hábito de fumar. Estudios previos las vincularon con demencia, deterioro cognitivo y accidente cerebrovascular.
La proteína beta-amiloide forma placas que se observan de manera habitual en cerebros con alzhéimer. La proteína tau, por su parte, puede generar enredos que alteran la función celular y también se detectan en distintos tipos de demencia.
El seguimiento reveló que las personas de mayor edad mostraron una progresión más rápida de daño cerebral en la sustancia blanca. Además, quienes portaban el gen APOE ε4 presentaron una acumulación acelerada de beta-amiloide y tau, dos de los marcadores más asociados a la enfermedad.
Aunque la edad avanzada y el APOE ε4 ya se reconocen como factores de alto riesgo, el estudio identificó un peso importante de los factores vasculares. La presión alta, la hiperlipidemia, las enfermedades cardíacas y el tabaquismo se asociaron con mayor daño en los vasos sanguíneos del cerebro.
Estas condiciones reducen el flujo sanguíneo y el suministro de oxígeno. El proceso afecta regiones cerebrales vinculadas con la memoria y la cognición, lo que incrementa el riesgo de demencia vascular.
El análisis también señaló que un nivel educativo más bajo se relacionó con mayor riesgo. Los investigadores plantearon que este vínculo podría explicarse por mayores niveles de estrés y menor acceso a servicios de salud preventivos.
Otro hallazgo relevante se relacionó con el diabetes. Las personas con esta condición mostraron un acúmulo más rápido de beta-amiloide. El equipo sugirió que la resistencia a la insulina podría interferir con los mecanismos que eliminan esta proteína del cerebro.
El índice de masa corporal (IMC) también mostró asociaciones inesperadas. Un IMC más bajo en adultos mayores se vinculó con mayor acumulación de proteína tau. Los autores indicaron que esta relación podría deberse a cambios cerebrales que afectan el apetito y el metabolismo energético.
El estudio incluyó cuestionarios sobre estilo de vida, análisis genéticos de sangre, mediciones de presión arterial, evaluación del sueño y pruebas de IMC. Además, los participantes se sometieron a resonancias magnéticas y tomografías por emisión de positrones, junto con análisis de líquido cefalorraquídeo.
La edad promedio de los participantes fue de 65 años. El seguimiento se extendió por cuatro años, lo que permitió observar la evolución de los marcadores cerebrales a lo largo del tiempo.
Las conclusiones se alinearon con investigaciones previas publicadas en The Lancet, que identificaron 14 factores de riesgo modificables. Entre ellos destacaron la inactividad física, la dieta inadecuada, el aislamiento social y la exposición a contaminación.
Un estudio independiente en Estados Unidos, conocido como POINTER, mostró que ejercicio aeróbico y dieta mediterránea mejoraron las capacidades cognitivas en personas con riesgo elevado.
Los autores del trabajo publicado en The Journal of Prevention of Alzheimer’s Disease señalaron que intervenir de forma temprana sobre los factores modificables podría reducir el riesgo de demencia y atenuar el impacto de los cambios cerebrales asociados al envejecimiento.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
