Una nueva técnica no invasiva evita que pacientes diabéticos que presentan una infección grave e incurable en alguna de sus piernas deban sufrir la amputación de la extremidad dañada.
El procedimiento llamado angioplastía de vasos tibiales, se realiza en el país desde el año pasado. La técnica, más simple y rápida que las intervenciones quirúrgicas tradicionales, consiste en desbloquear las tres arterias que irrigan sangre a las piernas y que se ubican por debajo de las rodillas.
Los cirujanos de la Clínica de Cirugía Vascular Periférica del Hospital San Juan de Dios son quienes aplican este método.
“La mala circulación es la principal causa de amputación de extremidades inferiores en diabéticos”, explicó Chih Hao Chen Ku, médico endocrinólogo de dicho centro hospitalario.
El experto comentó que cuando una persona con una circulación sanguínea deficiente tiene una herida u hongo, las bacterias que usualmente están en la piel crecen de manera descontrolada.
“Las células que defienden al organismo de infecciones no llegan a la zona afectada y por eso se desarrolla una infección difícil de frenar”, señaló.
En el país un 6% de la población es diabética; solo en el 2007 a 439 pacientes diabéticos se les debió amputar ya sea un dedo, un pie o la pierna por estas razones.
Estas intervenciones representaron un 51% de las amputaciones realizadas en la Caja Costarricense de Seguro Social durante ese año.
Nuevo uso. La técnica de angioplastía surgió en la década de los 70 como una opción para desbloquear la acumulación de grasa en las arterias coronarias. Hoy, el uso del procedimiento se ha extendido a la reparación de otras arterias.
Róger Jiménez Juárez, cirujano que aplica la técnica, señaló que la inestabilidad en el nivel de azúcar en la sangre que presentan los diabéticos contribuye a que se bloqueen las arterias con facilidad. “La obstrucción vascular se acelera unos 20 años en los diabéticos, es decir, empiezan a sufrir del mal a los 35 años y no a los 55 años”, dijo.
Para reparar este daño con la técnica de angioplastía de vasos tibiales, los médicos punzan con una aguja la ingle del paciente y meten un introductor arterial, una especie de pajilla con la que navegan por las arterias y llegan a las zonas dañadas.
Por el orificio de la pajilla introducen en la arteria un instrumento que tiene en la punta un globo diminuto, el cual inflan para separar las paredes de esta.
Luego colocan un resorte –llamado stent – en la arteria para asegurar que sus paredes se mantengan abiertas al paso de la sangre.
Esta técnica viene a sustituir la cirugía de bypass , en la cual se coloca una vena natural o artificial que reemplaza el tramo del sistema circulatorio dañado.
“La angioplastía de vasos tibiales es poco invasiva. Necesita una incisión diminuta, anestesia local y toma unos 45 minutos. El paciente se recupera en semanas”, dijo Jiménez.
“El bypass , por el contrario, toma unas seis horas, necesita de una larga hospitalización, y el paciente requiere meses para volver a su actividad normal”, comparó.
“Un 85% de los pacientes evitan una amputación mayor con esta técnica. Con el bypass ese riesgo baja hasta el 80% ”, dijo.