
Una pediatra de Passo Fundo, en el estado brasileño de Río Grande del Sur, renunció a la atención en su consultorio privado tras enfrentar una carga constante de mensajes por WhatsApp fuera del horario laboral. La decisión la anunció la médica Bruna Forcelini en sus redes sociales y generó amplio debate sobre los límites en la comunicación entre pacientes y profesionales de la salud.
La especialista explicó que el exceso de consultas no urgentes por el teléfono personal afectó su descanso y su estabilidad emocional. Indicó que la línea entre una pregunta simple y una conducta médica resultó muy frágil en ese tipo de intercambios.
Forcelini señaló que compartía su número personal para situaciones de urgencia. Sin embargo, muchas personas no distinguieron qué casos podían esperar. La pediatra reconoció que no estableció límites claros desde el inicio y que confió en el criterio de los padres.
La médica sostuvo que el uso de WhatsApp pasó de ser una excepción a convertirse en la regla, incluso cuando ella no ofrecía ese canal. En algunos episodios, la falta de respuesta inmediata le generó culpa, aun cuando se trataba de situaciones que requerían valoración presencial.
La pediatra también advirtió sobre el riesgo profesional de responder mensajes. Explicó que un texto puede interpretarse como indicación médica y derivar en consecuencias graves. Comentó que consultas frecuentes sobre fiebre aumentaron su ansiedad, debido a la imposibilidad de evaluar correctamente al paciente a distancia.
El anuncio provocó una reacción inmediata. Muchas familias y colegas expresaron apoyo y se identificaron con el problema. Otras personas emitieron críticas y cuestionaron su vocación. Forcelini aclaró que la decisión no respondió a una estrategia de promoción y que fue definitiva.
En una entrevista con la revista Crescer, la pediatra explicó que la presión por responder de forma inmediata alteró su rutina diaria y su descanso. Indicó que parte del problema surgió por la falta de límites del propio profesional, aunque también por la percepción de urgencia que tienen los padres cuando se trata de sus hijos.
Un episodio ocurrido un domingo a las 9:30 p. m. marcó el punto de quiebre. La médica recibió una llamada que la hizo pensar en una emergencia grave. La consulta se limitó a la sustitución de un medicamento para cólicos que no estaba disponible en una farmacia. Al día siguiente, tomó la decisión de dejar el consultorio privado.
Forcelini considera que establecer reglas claras desde el inicio puede ayudar. Sugirió el uso de dos teléfonos y la definición explícita de horarios de respuesta. No obstante, afirmó que esa modalidad no se ajusta a su forma de trabajar, ya que le genera culpa no atender un caso que otra persona considere urgente.
Pese a dejar el consultorio privado, la pediatra continúa su labor en salas de parto, en la enfermería pediátrica y en una unidad básica de salud del sistema público brasileño. Aseguró que su decisión no se relacionó con una falta de amor por la medicina, sino con la necesidad de proteger su bienestar emocional.
El caso expuso un dilema cada vez más frecuente en la pediatría y en otras especialidades: la búsqueda de cercanía con los pacientes frente a la necesidad de cuidar la salud mental del profesional.
Especialistas recomiendan que, desde la primera consulta, exista una conversación clara sobre el uso de WhatsApp. Entre las principales sugerencias para mantener una relación adecuada destacan definir horarios, reservar dudas no urgentes para la consulta presencial y acudir a un servicio de emergencias cuando la situación lo amerite.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
