
Olvidar una palabra durante una conversación, no recordar dónde quedaron las llaves o repetir una historia conocida genera preocupación en muchas personas adultas. En una sociedad que envejece, estos episodios suelen asociarse de inmediato con el Alzheimer, aunque la medicina aclara que no toda falla de memoria responde a esta enfermedad.
El neurólogo colombiano, Claudio Alejandro Jiménez, neurofisiólogo y director del centro de atención de accidente cerebrovascular de la Subred Norte del Hospital Simón Bolívar, explicó que el Alzheimer es la forma más frecuente de demencia, pero no la única causa de deterioro cognitivo. La memoria, el lenguaje, la orientación y la capacidad de planear cambian con la edad y no siempre de manera patológica.
El especialista señaló que el cerebro envejece como el resto del cuerpo. En ese proceso, algunos olvidos leves forman parte de la normalidad. El punto clave no es el olvido en sí, sino el impacto que este tiene sobre la funcionalidad de la persona.
Cuando olvidar forma parte del envejecimiento
En el envejecimiento normal, los olvidos suelen ser esporádicos y reversibles. La información puede desaparecer de forma momentánea y reaparecer más tarde. Estas fallas no impiden trabajar, desplazarse por la ciudad ni mantener relaciones sociales activas.
La diferencia aparece cuando la memoria deja de ser un detalle menor y se convierte en un obstáculo. No recordar citas importantes, perderse en lugares conocidos o no saber realizar tareas cotidianas, como preparar una comida, constituyen señales de alerta. En estos casos, el deterioro compromete la independencia.
Las demencias, incluido el Alzheimer, no afectan solo la memoria. También alteran el lenguaje, el razonamiento, la planificación y la capacidad para resolver problemas. Su evolución es progresiva. Con el tiempo, los olvidos aumentan en frecuencia y profundidad, e incluso alcanzan recuerdos antiguos y habilidades antes consolidadas.
Otras causas que también afectan la memoria
Los especialistas insisten en que no todas las pérdidas de memoria obedecen a enfermedades neurodegenerativas. Existen múltiples causas que generan síntomas similares y que, en muchos casos, son tratables.
Deficiencias vitamínicas, alteraciones de la tiroides, problemas metabólicos, consumo de ciertos medicamentos, trastornos del sueño como la apnea, lesiones en la cabeza y cuadros de depresión, ansiedad o estrés prolongado influyen en el rendimiento cognitivo. El consumo excesivo de alcohol también provoca confusión y olvidos persistentes.
Ante una pérdida de memoria que interfiere con la vida diaria, la recomendación médica es acudir a consulta. El diagnóstico no depende de una sola prueba. Requiere una evaluación integral que incluye entrevistas clínicas, exámenes cognitivos, análisis de sangre e imágenes cerebrales, con el fin de identificar causas reversibles o descartar enfermedades de mayor complejidad.
Cuidar el cerebro también es prevención
Aunque el Alzheimer no puede prevenirse por completo, la evidencia científica internacional muestra que el riesgo puede reducirse de forma significativa. Investigaciones lideradas por University College London, el Instituto Karolinska y universidades de Estados Unidos relacionaron el estilo de vida saludable con una mejor función cerebral.
La actividad física regular mejora la circulación y la salud vascular, factores esenciales para el cerebro. Una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, pescado y grasas saludables, se asocia con menor riesgo de deterioro cognitivo. Dormir bien, manejar el estrés y mantener una vida social activa también influyen de manera directa.
Jiménez destacó la importancia de los llamados gimnasios cerebrales. La lectura, la escritura, el aprendizaje de nuevos idiomas o habilidades y los juegos que retan la mente fortalecen las conexiones neuronales. Estas prácticas, combinadas con el cuidado del cuerpo, tienen un impacto mayor que la predisposición genética en los casos más frecuentes de demencia.
El mensaje médico es claro. Olvidar no siempre indica una enfermedad, pero ignorar las señales sí representa un riesgo. Consultar a tiempo, informarse y adoptar hábitos saludables permite diferenciar el paso natural de los años de un problema que requiere atención especializada.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
