
Los fármacos antiobesidad representan un avance relevante en el abordaje de esta enfermedad crónica, pero no constituyen una solución definitiva. Así lo expuso el endocrinólogo Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad del Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).
Durante el último año, el tratamiento farmacológico de la obesidad mostró innovaciones que cambiaron el panorama clínico. Sin embargo, los especialistas coinciden en que estas terapias deben integrarse a un enfoque más amplio que combine nutrición, actividad física y seguimiento médico continuo.
En ese marco, expertos consensuaron recomendaciones para el manejo de la obesidad con terapias basadas en GLP-1. Estas directrices consideran la personalización del plan nutricional, el trabajo colaborativo con el paciente, el riesgo de desnutrición y la necesidad de apoyo especializado. En cuanto a la actividad física, se promueve una prescripción individualizada, con una meta de 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico de intensidad moderada a vigorosa, además de entrenamiento de fuerza y progresión gradual.
También se definieron pautas antes de iniciar el tratamiento, así como medidas específicas para la fase de pérdida de peso y la de mantenimiento. Las recomendaciones incluyen orientación para manejar efectos secundarios gastrointestinales y lineamientos claros en caso de suspender la medicación.
Morales participó en la segunda jornada Periodismo y obesidad: el papel de los medios en una enfermedad compleja, organizada por la SEEDO en Cuenca. En esa actividad, señaló que la investigación en obesidad entra en una nueva etapa y anticipó la llegada de medicamentos con un perfil 4P: más potentes, más precisos, más populares y más preventivos, con proyección hacia 2026.
En el campo de la investigación básica y clínica, la doctora Ana Belén Crujeiras, directora del grupo de Epigenómica en Endocrinología y Nutrición y co-coordinadora de la Unidad de Epigenómica del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), explicó que el foco internacional se centra en entender por qué algunos pacientes recuperan peso y otros no.
La especialista advirtió que la reganancia de peso tras suspender medicación, tratamientos nutricionales o cirugía bariátrica figura entre los principales obstáculos para el control a largo plazo de la obesidad. Por esa razón, aunque los nuevos fármacos son herramientas potentes, no resultan definitivos.
Según Crujeiras, el futuro del tratamiento apunta a la personalización terapéutica, con intervenciones ajustadas al perfil biológico de cada paciente. Este enfoque equipara el manejo de la obesidad con el del cáncer, mediante medicina de precisión.
Las líneas de investigación incluyen el estudio de biomarcadores predictivos, terapias epigenéticas, análisis multi-ómicos y reprogramación metabólica. El objetivo ya no se limita a perder peso, sino a mantenerlo sin que el organismo active mecanismos de defensa.
La investigación integra genómica, epigenómica, transcriptómica, metabolómica, microbioma, fenotipado metabólico y exposoma. Estas capas de información permiten construir huellas metabólicas individuales, clave para un tratamiento más eficaz y sostenido.
Tras la revolución farmacológica, el interés científico se orienta hacia la sostenibilidad de la pérdida de peso. Los expertos consideran que 2026 será un año decisivo para comprender mejor la biología de la reganancia y diseñar estrategias de mantenimiento a largo plazo.
Los nuevos enfoques terapéuticos buscan modificar la actividad de genes relacionados con el almacenamiento de grasa, reducir la inflamación crónica del tejido adiposo, reequilibrar la comunicación intestino-cerebro y evitar respuestas compensatorias del cuerpo tras adelgazar.
¿Se puede prevenir la obesidad?
En España, 19% de la población adulta padece obesidad y 37% presenta sobrepeso. En la población infantil, el 40,6% registra exceso de peso, una de las cifras más altas de Europa. Esta enfermedad se asocia con más de 250 padecimientos, como diabetes, cáncer y enfermedades cardiovasculares, y genera un sobrecosto médico directo de 1.950 millones de euros al año.
La doctora Andreea Ciudin, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, recordó que la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial que no depende de la voluntad individual.
La especialista explicó que no todas las formas de obesidad son prevenibles. Algunas se desarrollan por alteraciones en la regulación del apetito y el metabolismo, procesos controlados por el cerebro a partir de señales biológicas del intestino, el páncreas y otros tejidos, además de factores genéticos.
Ciudin subrayó que no se trata de una sola enfermedad, sino de múltiples condiciones crónicas que comparten el exceso o la disfunción de la grasa corporal, con impacto negativo en la salud. Desde esa perspectiva, la prevención resulta esencial, pero debe contemplar factores biológicos, genéticos, psicológicos y ambientales.
La experta señaló que las estrategias no deben centrarse solo en la prevención primaria, orientada a evitar nuevos casos. También se requiere prevención secundaria para reducir complicaciones y un tratamiento adecuado para quienes ya viven con obesidad.
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