Ni chicha ni limonada. Los adolescentes pertenecen a una de las edades más productivas en términos de estudio y prevención de enfermedades, pero no siempre reciben una atención adecuada para ello y, entonces, las consecuencias las pagan de adultos.
Entre los 13 y los 20 años, pero especialmente antes de los 18, en la mayoría de los países del mundo los jóvenes no cuentan con programas de salud adaptados a sus necesidades y son bastante pocos quienes tienen acceso a programas que promuevan estilos de vida saludables.
“Es como si el sistema de salud creyera que las personas solo se enferman cuando son muy niños o ya de adultos, pero de adolescentes todos son sanos. La realidad es otra”, comentó Alberto Morales, coordinador de la Clínica del Adolescente, del Hospital Nacional de Niños.
Esta es una realidad en Costa Rica, pero también en el mundo, alertó un especial de la revista británica
Según esta la publicación británica, durante los últimos 50 años la salud de los adolescentes ha mejorado muchísimo menos de lo que ha avanzado la de los niños y adultos mayores.
Así, por ejemplo, destacan que “en un estudio longitudinal de 50 países, la mortalidad infantil ha bajado más de un 80% en los últimos 50 años”, mientras que “la mortalidad adolescente solo ha mejorado marginalmente”.
Precisamente por eso, muchas oportunidades de prevención de estas enfermedades, desórdenes mentales y traumas deben ocurrir en ese momento, algo que no está pasando, afirma
“La atención integral y especialmente adecuada para los 1.800 millones de adolescentes en el orbe aún no es prioridad”, indica.
¿En qué se diferencia la atención a los jóvenes de la del resto de las personas? Los expertos apuntan que deben atenderse los llamados “determinantes sociales juveniles”, que se dividen en dos.
Por un lado, están los estructurales; es decir, la situación económica del país, pobreza, acceso a educación y al sistema de salud, inequidades entre hombres y mujeres y oportunidades de empleo.
Por otro lado, se hallan los determinantes de proximidad: la conexión de los adolescentes entre su familia y el colegio, la genética, la personalidad y los estilos de vida.
Según Marco Díaz, psiquiatra experto en adolescentes de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), la forma en la que se dictan las pautas de atención deja de lado a los jóvenes, al punto de invisibilizarlos.
“Es algo que aún tenemos que atender. Es cierto que los jóvenes sufren menos de enfermedades, pero ellos están en la edad ideal para corregir estilos de vida que podrían llevarlos a enfermar en unos años”, dijo Morales.
Datos de la CCSS indican falta de atención a esta población, mientras que el 70% de los menores de un año tienen cobertura periódica de citas médicas. Esta baja al 51% entre uno y seis años de edad y en la adolescencia solo llega al 29,6%.
Tal vez es por ello que solo el 7% de los servicios de urgencias, del 5% de las consultas y del 3,5% de los egresos hospitalarios son en personas de estas edades.
Por otro lado, datos del Plan Nacional de Salud Adolescente reflejan estilos de vida poco saludables en los jóvenes nacionales, que podrían causarles enfermedades en un futuro.
Por ejemplo, el 20,8% tiene sobrepeso u obesidad, el 51% consume comidas rápidas una vez a la semana; 14%, de tres a más veces por semana; 9%, a diario, y solo un 4% dijo no comerlas.
Asimismo, el 50% no tiene una dieta que prevenga las enfermedades cardiovasculares en la edad adulta. Y el 60% no consume la cantidad necesaria de micronutrientes (calcio, hierro, zinc, etc.).
Como si fuera poco, la edad promedio de inicio del consumo de tabaco es de 12,6 años y de 12,9 años en el caso del alcohol.
Otro problema que se da en estas edades es la depresión. Según el Plan Nacional de Salud Adolescente, 10,8% tuvo ideas suicidas en el último año y el 8,4% intentó quitarse la vida.
“No podemos seguir así. Estos jóvenes deben tener salud integral en todo el país, no solo en algunas zonas”, enfatizó Morales.
“Por ejemplo, nos gusta mucho usar la patineta, pero en el barrio no hay un lugar específico, y, si lo hacemos en la calle, a algunos adultos les molesta”, agregó.
Para Díaz, el mundo adulto-céntrico con el que se enfrentan estos jóvenes hace que sea necesario replantearse su atención.
“Debemos tomarlos en cuenta, tener servicios más amigables de salud integral (no solo concentrados en los médicos) para ellos y así evitar enfermedades más serias en el futuro”, concluyó.