
El higo, fruto de la higuera (Ficus carica), destaca por su aporte de fibra, compuestos bioactivos y minerales. Su consumo se asocia con beneficios en la digestión, el metabolismo y la salud cardiovascular. También puede influir en el control del apetito.
Originario de Oriente Medio, el higo proviene de una de las plantas cultivadas más antiguas por la humanidad. La higuera aparece en textos religiosos como la Biblia y el Corán. Su desarrollo se vincula con el origen de la horticultura mediterránea.
Aunque se considera una fruta, en términos botánicos es una infrutescencia. Se trata de un conjunto de pequeños frutos que nacen de flores diminutas dentro de un mismo receptáculo. Al crecer juntos forman una estructura compuesta.
Existen más de 750 especies de higos, comestibles y no comestibles. Miden entre seis y siete centímetros de largo y entre cuatro y cinco centímetros de diámetro, según la variedad. La producción se concentra en países de clima mediterráneo o semiárido. Turquía, Egipto, Irán, Marruecos y Algeria figuran entre los principales productores.
Perfil nutricional del higo
El higo tiene piel fina de color verde, morado o negro. Su pulpa es carnosa y dulce. El sabor se intensifica con la maduración. Es un producto estacional. En el hemisferio norte se encuentra entre agosto y setiembre. En el hemisferio sur aparece entre febrero y marzo.
Contiene flavonoides, ácidos fenólicos, carotenoides y tocoferoles. Estos compuestos se utilizaron durante siglos en la medicina tradicional para afecciones gastrointestinales, respiratorias, inflamatorias y cardiovasculares.
El médico nutricionista César Casavola, presidente de la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas, explicó que el higo fresco contiene cerca de 74% de agua. Aporta alrededor de 74 calorías por cada 100 gramos. Es fuente de carbohidratos simples y fibra dietética, en especial pectina. Presenta cantidades mínimas de proteína y grasa.
Efectos en la digestión y el apetito
El alto contenido de fibra favorece la digestión y previene el estreñimiento. Según Casavola, el dulzor natural junto con la fibra puede ayudar a controlar el apetito. Este efecto puede contribuir al manejo del peso dentro de una dieta equilibrada.
Acción antioxidante y posible impacto en la glucosa
Los polifenoles y flavonoides como luteolina, kaempferol, quercetina y rutina pueden proteger las células del daño oxidativo. Este efecto se relaciona con menor riesgo de enfermedades crónicas.
La nutricionista Milagros Sympson indicó que estudios preclínicos en ratas y en grupos pequeños de personas mostraron que la fibra y los compuestos bioactivos del higo pueden mejorar la sensibilidad a la insulina. Este efecto ayudaría a regular los niveles de glucosa en sangre cuando se integra a una alimentación balanceada.
Diferencias entre higo fresco y seco
El perfil nutricional varía según la variedad, el grado de madurez, las prácticas de cultivo y el tiempo entre cosecha y consumo. También influye el procesamiento en el caso de los higos secos.
Los especialistas recomiendan optar por higos locales. Sympson señaló que presentan mayor contenido de vitamina C y antioxidantes debido al menor tiempo de transporte y almacenamiento. Además, mantienen un sabor más intenso.
En el caso de los secos, Casavola aconsejó preferir opciones artesanales. Las versiones industrializadas pueden contener conservantes o dióxido de azufre.
El higo seco es más concentrado en nutrientes por la deshidratación. Aporta cerca de 249 calorías por cada 100 gramos. Contiene aproximadamente 64 gramos de carbohidratos y 10 gramos de fibra por cada 100 gramos. Esta cantidad de fibra casi triplica la del higo fresco. También puede presentar pérdida de algunas vitaminas por el proceso de secado.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
