13 marzo, 2009
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Es posible que, sin darse cuenta y mientras lee esta página, usted esté perdiendo la visión por culpa del glaucoma.

Y es que esta enfermedad ocular, a la que los oftalmólogos llaman la “ladrona de la vista” porque avanza poco a poco y de manera imperceptible, afecta actualmente a 65 millones de personas alrededor del mundo.

No solo eso, sino que los doctores temen que, con el progresivo envejecimiento de la población, su incidencia se duplique en los próximos diez años.

En nuestro país hay 8.000 personas que viven en penumbras como consecuencia de la enfermedad, y otras 2.000 ya se han quedado completamente ciegas.

Lo que más alarma a los oftalmólogos es que la mayoría de las personas que padecen glaucoma se percatan de ello cuando es ya demasiado tarde.

“No solo no duele, sino que, como el daño ocurre gradualmente, la gente no lo nota hasta que su campo visual disminuyó mucho y, entonces, choca con los marcos de las puertas o ve como si estuviera dentro de un túnel”, comentó Joaquín Martínez, presidente de la Asociación Oftalmológica de Costa Rica.

El glaucoma no se cura. Los tratamientos médicos pueden detener la falta de visión generada por el glaucoma, pero es imposible recuperar la vista que se ha perdido. Por ello, la detección precoz de esta enfermedad es fundamental.

“Si se detecta a tiempo, se puede controlar perfectamente con gotas oftalmológicas o con un procedimiento quirúrgico, pero, si no es así, pueden pasar tres años desde que el nervio óptico comienza a dañarse hasta que se padece ceguera profunda” , añadió Martínez.

Justamente, las lesiones en el nervio óptico (que traslada la información del ojo hasta el cerebro) son las que caracterizan el glaucoma.

El daño se produce como consecuencia de un aumento de la presión en el interior del ojo.

Ni el lagrimeo, ni la resequedad ocular, ni la visión poco clara al leer o escribir tienen relación alguna con esta enfermedad.

“Pudiera parecernos que los ojos funcionan a la perfección y, sin embargo, tener glaucoma en etapa avanzada y haber perdido hasta el 90% de la visión de uno de los ojos. Por ello, la única forma de estar a salvo es realizarse, después de los 40 años y cada cinco años, exámenes preventivos”, dijo Javier Córdoba, representante de la Organización Mundial de Glaucoma en el país.

Compleja detección. Para detectar el glaucoma, los oftalmólogos realizan un examen completo y complejo que incluye no solo las clásicas pruebas de agudeza visual (para medir la vista a diferentes distancias), sino unas diseñadas para medir el campo visual y comprobar con ellas el estado de la visión lateral.

Además, antes de entregar el diagnóstico definitivo, los doctores miden la densidad de la córnea, la presión del ojo (con una prueba llamada “tonometría”) y, dilatando las pupilas, comprueban si hay daños en el nervio óptico.

El costo total de todos los exámenes se acerca a ¢100.000, y someterse a ellos implica pasar, como mínimo, un par de horas con los ojos a prueba.

Por eso, la Caja Costarricense de Seguro Social solo realiza las pruebas si un médico refiere al paciente ante la sospecha de que corre el riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Y es que existen algunos factores que ponen en alerta a los doctores. Incluso, hay un grupo de personas que los oftalmólogos consideran vulnerables al glaucoma. Se trata de personas mayores de 40 años que hayan tomado cortisona o esteroides en forma prolongada, padezcan diabetes o miopía, o tengan origen afrocaribeño o asiático.

“En zonas como Limón la población está más expuesta que en el resto del país, pero, ni allí, la seguridad social puede realizar los exámenes como rutina: el tiempo y el dinero se lo impiden. Por eso, resulta fundamental que las personas estén informadas y soliciten la atención”, dijo Martínez.