El consumo cotidiano de galletas y repostería de paquete podría elevar los niveles de colesterol malo (LDL) entre los ticos.
Esos alimentos, que forman parte de la dieta cotidiana de algunos adultos y de muchos jóvenes y niños costarricenses, no han logrado librarse de las grasas nocivas para el organismo, conocidas como grasas ‘trans’.
Así lo revela un análisis de la composición de ácidos grasos en alimentos de Costa Rica realizado por Rafael Monge, del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa) y Hannia Campos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard.
Según el estudio, la repostería industrial que usa masa de hojaldre contiene 0,9 gramos de grasas ‘trans’, mientras que las galletas rellenas contienen 0,8 gramos por porción y las que, además, tienen una cubierta de chocolate llegan a los 1,32 gramos.
De esa manera, basta con ingerir dos paquetes de esos productos diariamente para rozar el límite de consumo inofensivo de esos lípidos que, según la recomendación de la Organización Mundial de Salud, debe mantenerse por debajo de los 2 gramos.
Y es que las grasas ‘trans’ que se producen cuando aceites líquidos se transforman en grasa sólida añadiendo hidrógeno, aumentan el riesgo de una enfermedad cardíaca coronaria más que cualquier otro macronutriente: están asociadas al desarrollo de colesterol ‘malo’, la arterioesclerosis y a la diabetes de tipo II.
Adolescentes en riesgo. Una evaluación que anualmente realiza Monge sobre el consumo de alimentos, la ingesta de nutrientes y el perfil de grasas de 200 niños y jóvenes, entre los 12 y los 19 años, ha evidenciado que los colegiales sobrepasan la ingesta recomendada de grasas nocivas.
Para obtener el registro de alimentos, de ácidos grasos, concentraciones séricas de triglicéridos, colesterol bueno (HDL) y el malo (LDL), el investigador ha empleado diferentes métodos y mediciones desde encuestas hasta muestras de tejido graso.
“Tanto en zonas rurales como en el área urbana, los niños y adolescentes consumen aproximadamente 2,6 gramos de grasas ‘trans’ por día”, manifestó Monge.
Para asegurarse la vigencia y representatividad de los datos, Monge ha repetido el estudio varios años en distintas regiones del país.
De hecho, cuando el investigador realizó el primer monitoreo con jóvenes, la principal fuente de grasas provenía de los aceites con que se freía la comida.
Sin embargo, en la actualidad, los aceites y las margarinas que se venden en el mercado nacional están libres de grasas hidrogenadas.
Incluso, señaló Monge, los acuerdos con las cadenas de comida rápida ya redujeron el uso de este lípido a niveles más o menos aceptables.
Por eso es que las galletas y la repostería industrial podrían haberse constituido en la principal amenaza para la salud de los muchachos.
Según el investigador, los fabricantes de estos productos, a pesar de utilizar ahora aceites y margarinas libres de grasas ‘trans’, tienen dificultades para sustituirlas del todo.
“No existe todavía en el mercado nacional manera de sustituir los productos que se usan para las coberturas y los rellenos sin alterar el sabor o la apariencia (textura y color) de las galletas”, dijo