
Con el uso de fotografías satelitales, un pionero estudio reveló nuevos factores en la distribución en comunidades urbanas del país de criaderos del mosquito Aedes aegypti , transmisor del dengue.
El grupo de expertos del Centro de Investigaciones de Enfermedades Tropicales y la Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica (UCR) evidenció que las llantas y los recipientes llenos de agua no son los únicos objetos aptos para la subsistencia del mosquito.
Juguetes, espacios para el control de desagüe (caja de registro) y servicios sanitarios dejados a la intemperie son usados por el zancudo para instalar sus criaderos y reproducirse.
Además, la sombra de un árbol sobre un recipiente con agua parece una buena incubadora para las larvas del mosquito. Y en la época seca, la costumbre de guardar agua en las pilas para lavar resulta un sitio de resguardo para el zancudo, que espera allí la llegada de las lluvias para multiplicarse.
El estudio también llama la atención a la población. Una casa puede estar libre de Aedes aegypti , mientras el lote vacío del lado, la calle y la escuela aledaña están infestados de mosquitos.
Un avance. Estos datos constituyen una guía preliminar sobre el hábitat del mosquito transmisor del dengue en una zona urbana. Este es el caso de Puntarenas.
El trabajo científico es parte de un plan apoyado por la Universidad de Miami, Florida, EE.UU., para estudiar nuevos procesos de combate a las enfermedades transmitidas por vectores en el mundo. En el análisis también participan Egipto, Israel, Kenia y Trinidad y Tobago.
El estudio se ejecutó como una tesis de doctorado de Adriana Troyo, investigadora de la UCR, durante sus estudios en Estados Unidos.
Los hallazgos representan un aporte a la estrategia de combate al dengue, dirigidas a eliminar el mosquito transmisor del mal. Para algunos expertos, esta es la vía más efectiva de prevenir epidemias, hasta que se cree una vacuna. Los insecticidas, repelentes y trampas solo frenan el mal.
“Son mapas iniciales, pero puede ser la base para acciones que se anticipen a la presencia de criaderos. Su validación permitirá actuar en comunidades con características similares y así canalizar mejor los recursos”, dijo Adriana Troyo.
Novedad. Para identificar el habitad del mosquito Aedes aegypti , Adriana Troyo y su equipo utilizaron fotografías de nuestro país tomadas desde el espacio.
Este es el primer trabajo científico sobre dengue que usa esta herramienta tecnológica en Costa Rica.
“Se habían usado imágenes de baja y mediana en estudio similares en el mundo, pero nunca de alta resolución. Esto brinda mayor exactitud a los resultados”, dijo.
Como zona de estudio se eligió la ciudad de Puntarenas y las comunidades de Chacarita y Barranca. La razón fue aprovechar la experiencia de la provincia en este campo y los datos de registro de la sede del Ministerio de Salud allí.
Como primer paso, los expertos compararon la incidencia de casos del dengue con información climática de los años 2002 y 2003. El análisis evidenció que a cinco semanas de iniciarse las lluvias, empiezan los reportes de casos de dengue.
“Era algo conocido, pero hasta ahora no había evidencia científica”, comentó Adriana Troyo.
Luego, usando fotografías satelitales de baja resolución de la zona de ese mismo período, y con ayuda de software , identificaron la presencia y condición de la vegetación en la zona y la compararon con los casos de dengue. “Hallamos una relación entre mayores casos de dengue y más vegetación”, añadió.
Posteriormente, con imágenes de mayor resolución –donde se podían ver casas, árboles y calles– encontraron que entre más árboles más casos de la enfermedad.
Para respaldar esto, los expertos realizaron un trabajo de campo tomando los hallazgos y las fotografías de satélite. Allí comprobaron que había otros objetos como juguetes y materiales almacenados en los patios y áreas abiertas que albergan criaderos de mosquito. Además, que las personas limpian más sus casas que la comunidad.
En una última fase, tomaron otro juego de imágenes de alta resolución, captadas durante el trabajo de campo, y corroboraron la concordancia de áreas de vegetación con criaderos del mosquito.
Los hallazgos del estudio ya fueron publicados en la revista Journal of Vector Ecology y un tercer reporte sobre el método está en proceso de divulgación.