
Un grupo de corredores cruza la meta y celebra. Algunos dedican varios minutos a estirar después del ejercicio. Otros se retiran convencidos de que el esfuerzo terminó. Esa decisión genera consecuencias que aparecen con el tiempo, como rigidez y dolor muscular que evidencian una rutina incompleta.
Expertos citados por Harvard Health Publishing señalan que omitir el estiramiento deja secuelas invisibles que afectan el cuerpo incluso tras finalizar la actividad física. El consenso científico respalda sus beneficios para la flexibilidad muscular, la recuperación y la prevención de lesiones.
El estiramiento posterior al ejercicio mejora la amplitud de movimiento. También reduce el riesgo de esguinces o distensiones, en especial en personas que practican deporte de forma regular. Desde Mayo Clinic explican que no elongar incrementa la rigidez muscular y eleva la probabilidad de sufrir lesiones.
Cuando los músculos no recuperan su elasticidad se vuelven más vulnerables a desgarros. El riesgo aumenta ante movimientos bruscos o inesperados. El acortamiento de las fibras musculares por falta de elongación provoca debilidad y limita el rendimiento a largo plazo.
La rigidez muscular acumulada afecta más que el desempeño deportivo. Harvard advierte que los músculos cortos y rígidos dificultan acciones simples como caminar o mantenerse de pie. Esta condición incrementa el riesgo de caídas y lesiones articulares.
Entre los efectos más comunes de evitar el estiramiento figura el dolor muscular de aparición tardía. Este fenómeno se conoce como DOMS. Si los músculos no se elongaron tras el esfuerzo, sustancias de desecho permanecen más tiempo en los tejidos. Esto genera molestias y prolonga la recuperación.
Otro aspecto clave es la circulación sanguínea. El estiramiento estimula el flujo de sangre y mejora la oxigenación muscular. Este proceso facilita la eliminación de toxinas y favorece la llegada de nutrientes. También ayuda al cuerpo a retomar su estado de reposo tras el ejercicio. Así se evitan caídas en la presión arterial y mareos.
En cuanto a la técnica, Mayo Clinic recomienda no estirar en frío. Antes de elongar conviene dedicar entre cinco y diez minutos a un calentamiento suave, como caminar o trotar a baja intensidad. Después del ejercicio se aconseja el estiramiento estático. Cada posición debe mantenerse entre 20 y 30 segundos sin rebotes.
La recomendación general es incorporar la elongación de forma constante en la rutina deportiva. No se debe forzar ni buscar el dolor. Desde Harvard señalan que la flexibilidad se gana con constancia. También advierten que se pierde con rapidez si se abandona la práctica. La hidratación y el descanso completan el proceso de recuperación muscular.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
