
Hunter Patch Adams, el doctor de la risa , ingresó ayer en la mañana al Hospital Nacional de Niños esquivando a la prensa, menores, padres y médicos que lo esperaban en el vestíbulo de la institución.
“No quiero fotografías”; “la medicina debe ser gratuita y compasiva para todo el mundo” y “mi filosofía es terminar con el capitalismo”, fueron los únicos mensajes que dio a la prensa este galeno que promueve la risa como terapia y cuya vida fue llevada a la gran pantalla por Robin Williams.
Adams arribó al país el lunes con una agenda que incluyó una visita de cortesía al centro hospitalario y una conferencia para recaudar fondos para construir una clínica en Talamanca, Limón.
Según explicó Rodolfo Hernández, director del Hospital, la intención de Adams era compartir con los niños, razón por la cual la presencia de los medios de comunicación molestó al médico estadounidense.
Cientos de risas . A pesar de la primera impresión distante de Patch Adams, su encuentro con los niños mostró al hombre gracioso y compasivo que promueve la risa y el amor para curar.
Así lo confirmaron las autoridades del Hospital que lo acompañaron en el recorrido por la sección donde se atienden a los menores enfermos de cáncer, de acuerdo con la solicitud de Adams de compartir con niños en condición delicada y en privacidad.
“Es una persona increíble, un médico de edad con gran vitalidad y entusiasmo impresionantes”, expresó Juan Manuel Carrillo, jefe del Servicio de Hematología.
Carrillo informó de que Adams jugo de manera individual con los 25 niños hospitalizados en esta sección, a quienes les dedicó tiempo y les sacos risas con cualquier cosa que tuviera a su alcance.
“Es un don que tiene Patch Adams. Fundas y sábanas y los cosas que sacaba de su pantalón sirvieron para hacer reír”, añadió el especialista.
En su rutina integró al personal médico y a los padres que cuidaban a los menores, contó Castillo.
Orlando Urroz, subdirector del Hospital, indicó que el médico de la risa logró un “total contacto con los niños y sus madres, adaptando el juego a las condiciones de ánimo y a la severidad de la enfermedad que atacaba al menor” .
Los galenos destacaron que bailó tango con una de las niñas hospitalizadas y amarró con telas a los médicos presentes para formar un tren. Los doctores también debieron imitar los gestos de monos que Adams hacía para arrebatar carcajadas de los niños.
Al tiempo que Adams visitaba la sección de Oncología, un grupo de payasos que labora desde hace un año en el Hospital Nacional de Niños realizó un recorrido por el resto de la institución.