Tal vez usted nunca haya oído acerca de frutas como el güiscoyol, el olozapo, el rukán, el zapote negro, el borojó o el ocarí.
Todas crecen en nuestra tierra y fueron parte de la dieta de nuestros antepasados, pero hoy son algunas de la “frutas olvidadas”, alimentos que se dejaron de comer hace varios años o que ya se consumen muy poco.
Con ese olvido, la dieta del tico perdió valiosos nutrientes, según señala un estudio del Instituto de Investigaciones Farmacéuticas (Inifar) y el Centro Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos (CITA), ambos de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Las pesquisas, dirigidas por el microbiólogo Gustavo Rojas, procuran rescatar estos alimentos para que los ticos vuelvan a consumirlos y, con ello, para que recuperen nutrientes ya perdidos.
Según los especialistas, el ritmo acelerado de vida y la falta de costumbre ayudaron a que estas frutas dejaran de consumirse.
“Por un lado, la gente dejó de sembrar muchas de estas frutas y las cosechas de perdieron; por otro, la falta de costumbre hizo que la gente dejara de comerlas. El mismo cambio climático hace que los cultivos bajen, y las frutas ya no crecen igual”, dijo Luis Poveda, uno de los investigadores.
El dejar de comer estas frutas hizo que nuestra dieta perdiese antioxidantes (componentes que ayudan a la eliminación de radicales libres, átomos de oxígeno que pueden causar artritis, hipertensión, cáncer, envejecimiento prematuro y Alzheimer).
El olvido de aquellas frutas también llevó a que el costarricense perdiera gran cantidad de fibra, vital para la protección contra enfermedades.
Alimentos poderosos. Según los expertos de la UCR, en nuestro país hay cerca de 40 frutas olvidadas.
Los investigadores iniciaron su análisis con 13 de ellas y advirtieron que pocos alimentos de la dieta tica actual tienen niveles similares de nutrientes a los de estas frutas.
Una de ellas es el güiscoyol ( Bactris guineensis ), originario de Guanacaste. Esta es la fruta con mayor poder antioxidante conocido; es aun mayor que el de la mora costarricense ( Rubus adenotrichum ) .
Una investigación anterior indicó que esa mora poseía incluso más propiedades para bajar el colesterol y los triglicéridos que la afamada uva o el arándano.
El olozapo ( Couepia polyandra ), también de Guanacaste, es otra “superfruta”. Su cantidad de fibra es tan alta que se compara con frijoles, arvejas, garbanzos y lentejas.
El rukán ( Flacourtia rukam ), de Limón, tiene mucha vitamina C y su valor antioxidante es muy alto.
El borojó ( Borojoa patinoi ) tiene contenidos de fibra similares a los del olozapo, por lo que es fuente de fortalecimiento de huesos y de protección contra enfermedades.
El zapote negro ( Diospyros digyna ), el jorco ( Garcinia intermedia) y el tomate de árbol ( Cyphomandra betacea ) favorecen la digestión y aumentan las defensas.
El análisis recoge frutas aún conocidas, como la pitanga y el icaco, pero que ya no se consumen frecuentemente. Estas últimas son fuente de energía y vitamina C.
Con esos datos, los investigadores encaran un nuevo proyecto: rescatar dichas frutas e impulsar su producción para que los ticos vuelvan a comerlas y recuperen sus nutrientes perdidos.